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Full text of "Biografía del jeneral [sic] Matías Salazar"

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Library of the 
University of North Carolina 

Endowed by tlic Dialcctic and Philati- 
thropic Societics 






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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



UNIV6RSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



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PUBLICACIÓN DE "EL CAHABOBEÑO." 
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BIOGRAFÍA 



DEL'JENERAL 



MATÍAS SALAZAR. 



VALENCIA 



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Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of Nor,th Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/biografadeljenerOOvale 



PUBLICACIÓN DE ' ; EL CARABOBEÑO.' 



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BIOGRAFÍA 

DEL JENEEAL . 



MATÍAS SALAZAR. 



VALENCIA 




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INTRODUCCIÓN 



Muchos hombres han venido al mundo a representar 
importantes papeles en todas las carreras de la vida hu- 
mana. Todos ellos han traído una misión mas o menos 
grande, han tenido un carácter, han fijado un tipo; han 
servido de estímulo a sus semejantes, o inspirado des- 
confianzas : han enaltecido la condición del hombre, 
o arrojado sobre ella fango corrompido; han trabajado 
por la libertad de los pueblos, o puéstoles cadenas ; han 
abogado por la implantación délos principios salvadores 
de la sociedad, o rendido culto al soez libertinaje ; han 
levantado la moral, la relijion i la virtud a una brillante 
altura, o sepultado en el desprecio las bases constitu- 
tivas de la familia i de la sociedad ; han hecho de las 
artes i de las ciencias objetos de desvelos i de nobles 
fatigas, o establecido el oscurantismo i la barbarie. La 
vida de esos hombres es la historia del jéuero humano. 
Al hablar de César i de Octavio no se puede olvidar a 
Roma : la vida i el trájico fin de Jesús, envuelven la 
vida i el sufrimiento de Jerusalem. 

La filosófica prudencia de Aristóteles, la oratoria 
de Cicerón, la imprenta de Gutemberg, la leí de la 



gravedad csplicada por Newton, la electricidad aplicada 
por Franklin i luego desarrollada por Morse, la impe- 
tuosidad de Napoleón i, la constancia artística de Pa- 
lissy, la austeridad de Washington, el jénio de Bolívar, 
el talento profético de Gruzman Blanco, etc. etc., cons- 
tituyen el magnífico i honroso patrimonio del jénero 
humano. En cambio, la sed de sangre de Felipe n, 
apellidado por sus coetáneos el Demonio dd Medio- 
din, la inquisición de Torquemada, las orjías de Lucre- 
cia Borjia, la St. Barthelemy inspirada i aconsejada por 
Catalina de Médicis, los incendios de Nerón, las cruel- 
dades de Fluvia, los hechos afrentosos de Matias Sala- 
zar etc. etc., forman el escándalo del Universo. 

En todas las épocas, i en todos los pueblos, han na- 
cido i se han desarrollado los elementos buenos i las 
perniciosas doctrinas, i unos i otras han tenido sus após- 
toles i sus sectarios. Hoi mismo, en pleno siglo xix ( 
al lado de la civilización cristiana, se levanta la Inter- 
nacional que es, para los pueblos de la vieja Europa, 
una seria amenaza i un peligro inminente, i para estas 
naciones de la joven América, un ejemplo corruptor. 
El jénio del mal está en todas partes, i es preciso opo- 
nerle por contrapeso el criterio de la conciencia huma- 
na, los mandatos de la moral, la influencia prestijiosa 
de las leyes, el poder de la sociedad i la gravedad de 
las penas. 

Busquemos la perfección social hasta donde sea 
posible. Busquémosla en la educación, en la instruc- 
ción, en los hábitos, en las tendencias de los pueblos : 
en la virtud, la candidez i la tranquilidad de las fami- 
lias : en la pulcritud de los negocios : en la austeridad 
de los ciudadanos : en la franqueza, sabiduría i toleran- 
cia políticas : en la bondad de las leyes : en el patroci- 
nio de todo lejítimo derecho i en el ejemplar castigo 
de todo crimen. 



Las sociedades no se moralizan, ni los pueblos 
marchan por la vía del progreso i de la civilización, si 
los hechos notoriamente grandes, elevados i nobles no 
se aplauden, si los actos punibles no se i-eprueban l 
castigan. Nó : a todo debe prestarse atención i cui- 
dado, porque la indiferencia, ya sea en política, en reli- 
jion, en moral, o en cualquiera otra cosa, no puede con- 
ducirnos sif¡p a un triste i deplorable fin. 

Aplaúdase lo bueno, para que ese aplauso sirva a 
la vez de recompensa i de estímulo. Repruébese i cas- 
tigúese lo malo, para que la reprobación i el castigo sir- 
van de espiacion i escarmiento. Así quedará procla- 
mado el imperio de la conciencia humana, reconocidos 
sus fueros i respetados sus importantes atributos. 

Rendir homenaje a la virtud, es realzarla i santifi- 
carla. Condenar el vicio, es reconocer el imperio de 
la razón i la majestad de la conciencia. 



Vamos a escribir la biografía do un hombro que ha llamado muí 
seriamente la atención pública. Su oríjen, su nacimieuto, su vida 
i sus propios hechos salen de la esfera de lo ordinario, de los lími- 
tes de lo natural, para colocarse en un punto donde se fijan las mi- 
radas de la presente jeneracion i se fijarán las de las futuras edades. 
Esa biografía abraza una parte do nuestra historia, i esta, como mui 
bien ha dicho el célebre Mr. A. de Lamartine, es al pueblo, lo que 
la facultad del recuerdo a los individuos, el lazo de unidad i de 
continuidad entre nuestro ser de ayer, i nuestro ser de hoi, nuestra 
base de toda esperiencia, i por medio de esta, el camino do la com- 
pleta perfección. Sin la historia no hai moralización, ni adelanta- 
miento, ni progreso de civilización para un pueblo; con la historia 
casi es innecesario algún otro maestro j ella lo sabe todo, lo encie- 
rra todo, lo. dice todo; i no con palabras fugaces quo pasan por el, 
oido sin dejar la menor memoria, sino con hechos palpables i pato- 
ticos. 

Vamos, pues, a escribir la biografía del Jenural Matías Sa- 
lazar, a relatar sus hochos, que constituyen la propia historia de 
este desgraciadísimo personaje. 



El año de 1SS8 nació Matías Salazar en la villa dei Pao de San 
Juan Bautista. Fueron sus padres, personas pobres, pero honradas 
i laboriosas, que se ejercitaban en las faenas de la agricultura i do 
la cria. 

Los primeros años de la vida de Salazar, carecen absolutamente 
de interés, a no ser que merezca mencionarse la vivacidad de ca- 
rácteiyla enerjía, la movilidad i la precoz sagacidad que aquel de- 
mostrara desde su niñez. Hijo de padres pobres, Salazar no reci- 
bió sino una instrucción mui rudimental, arreglada al escaso patri- 
monio de su familia. Aprendió a leer i escribir bien; un poco de 
aritmética i de gramática, i nada de las domas ciencias ; de manera 
que Salazar no pudo obtener en la escuela sino mui escasos cono- 
cimientos. En cuanto a su educación, adquirió la rústica i desma- 
ñada que se adquiere en esos pueblos, donde no han penetrado la 
civilización, las costumbres sociales i los hábitos cultos. 

La villa de San Juan Bautista que se encuentra situada en la 
zona de los pastos, es un pueblo osoncialmento criador. Sus ha- 
bitantes están connaturalizados con los rigores de un clima ardo- 
roso, la abundancia de las aguas en la estación del invierno, la 
falta de esas mismas aguas en los meses del verano, los animales 
feroces de nuestros rios, la plaga quo existo en todas esas pampas, 



la escasez de recursos para hacer agradable la vida i la fiereza de 
nuestros ganados. Habiendo nacido Salazar i pasado los primeros 
afios de su juventud en uu teatro semejante, su naturaleza se hizo 
fuerte : su cuerpo, aunque estremadamente pequeño, adquirió una 
poderosa robustez, una enerjia envidiable, una resistencia grande : 
su valor se formó entre los peligros de la naturaleza : su sagacidad 
tuvo por cuna la tauromaquia : su arrojo comenzó a desarrollarse 
en la domesticación i amansamiento de bestias caballares ; de modo 
que Salazar, mozo de soga i carpeta, jinete i toreador, nada temia, 
ni a los hombres ni a los animales. A los primeros no los conocía 
sino en concreto : a los segundos los domaba con facilidad. 

Salazar no comprendía ni podia comprender las leyes sociales. 
Había nacido i crecido en un pueblo pequeño, distante de los gran- 
des centros de población, donde rio hai prensa, tribuna, ciencias, 
comercio, literatura, tolerancia, relijion ni sociabilidad. Tampoco la 
época se prestaba para estos adelantos que son consecuencia de la 
civilización i del progreso de los pueblos. Casi al concluir la guerra 
de la independencia americana, esa lucha jigantesca que aterró a 
los castellanos i elevó a grande altura el valor i el heroísmo de los 
hijos de este suelo, vino a la vida Salazar. Su niñez corrió du- 
rante los primeros años de la República, años de atraso, de preo- 
cupaciones i de completa ausencia de instrucción. 

Contaba Salazar veinte años a lo mas, cuando por vez primera 
pasó a la ciudad de Valencia, capital del Estado Carabobo, cou el 
ánimo de buscar en ella ocupación lucrativa i provechosa. Aquí 
fué sorprendido de encontrarse en el seno de una población infini- 
tamente superior a las que él había conocido i visitado ; pero hom- 
bre de algún espíritu, do grandes deseo9 i de no poca ambición, 
buscó i obtuvo una plaza de escribiente en el bufete de un célebre 
abogado, el Dr. Francisco de Paula Quintero. Ya hemos dicho que 
Salazar había aprendido bien dos cosas, a leer i escribir ; i así le 
fué fácil adquirir esa colocación, donde indudablemente se habría 
formado un hombre útil para sí mismo, para su familia i para la 
patria, si no la hubiese abandonado muí luego. 

Hai caracteres que no se someten a ninguna especie de réjimen, 
espíritus inquietos que no se calman jamas, imajinaciones que care- 
cen de aplomo, inclinaciones que ni los años, ni la esperiencia, ni 
la adversidad, ni la fortuna, modifican i corrijen. Tal era Salazar. 
Hombre de instinto mas que do otra cosa, probador de suerte, cria- 
tura versátil que ora amaba la vida de las pampas, ora la soledad 
de los campos, ya la ajitacion de los negocios mercantiles, ya el 
ruido de las ciudades. Del Pao pasa al Tinaco, del Tinaco a Ti- 
naquillo, i de Tinaqoillo a Valencia. En cada uno de estos puntos 
pasa una corta temporada: aquí es criador, allá agricultor, masallá 
copista. Ninguna ecupacion le cuadra, i las abandona con la misma 
facilidad con que se varia el pensamiento i se cambia la mirada. 

Salazar estuvo mui corto tiempo al lado del Dr. Quintero, i se di- 
rijíó al lugar de su nacimiento, donde solicitó i consiguió larejencia 
de una escuela .primaria. Se hizo institutor. Pero esta profesión, 
noble i difícil, se ha hecho para otra especie de hombres. So ne- 
cesita una constancia ejemplar, una virtud probada, una resignación 



estoica para colocar en las manos del niíío la cartilla, seguirlo con 
la mirada, con el pensamiento, con la intención: llevarlo con pacien- 
cia, enseñarlo con método, correjirlo sin dureza, dirijirlo con asi- 
duidad. El institutor es como el horticultor que visita diariamen- 
te su huerta, riega sus matas, injerta las plantas i las da una figura 
elegante. 

Salazar no podia consagrarse a ese jénero de ocupaciones que 
pugnaba con su carácter i era opuesto a sus hábitos. Abandonó la 
escuela i permaneció por algunos años viviendo en los pueblos del 
territorio de Cojédes, sin un oficio determinado. Mas que a otra 
cosa, se inclinaba a ser torero, en lo cual era efectivamente hábil, i 
dejó fama de esa habilidad en San Garlos, en el Baúl, en el Pao, 
en el Tinaco, en Tinaquillo i en la propia ciudad de Valencia. 
Gomo todavia se conserva entre nosotros la bárbara costumbre del 
juego de toros, nuestros pueblos demuestran su contento i celebran 
sus alegrías con esta especie de diversiones ; i cuando Salazar (lla- 
mado entonces vulgarmente Matiitas) se contrataba para un circo o 
encierro, el pueblo ocurría en masa a las fiestas a admirar al diestro 
i valeroso torero, i con gusto premiaba su bárbaro arrojo echando 
sobre su carpeta unas monedas. 



Hasta la época en que vamos de nuestro relato, Salazar no habia 
sido político. Sus propios hábitos lo alejaban de la escena guber- 
nativa. 

El afio de 1858 los habitantes de Venezuela cambiaron los ins- 
trumentos del trabajo por los arreos del soldado. Este pueblo, fe- 
liz entonces porque vivia en paz i en medio do la abundancia, abrió 
con mano impía las puertas del odioso templo de Jano e hizo la re- 
volución del 5 de Marzo, apellidada por algunos ¡lusos, do sal- 
vadora e incruenta, i confirmada mas tarde por la dura esperiencia, 
como altamente deplorable. Verdad es que la admiuistraciou del 
jeneral Monágas (José Tadeo) tenia mucho de censurable i absur- 
da ; pero no es por cierto ol camino de los hechos el mas convenien- 
te para llegar a una favorable solución, cuando tenemos espedita i 
amplia la via de las leyes i de las reformas pacíficas. La revolu- 
ción de Marzo fué uua inconsulta amalgama de partidos, un grito 
lanzado del fondo de la conciencia nacional, un movimiento popu- 
lar, si se quiera, poro que no tenia fisonomía definida, programa sin- 
cero, ni solidez en su forma. 

Esa revolución triunfó en diez dias sin sangre ni sacrificios hu- 
manos, pero fué la causa predisponente de una larga época de san- 
gre i esterminio. Salazar comenzó su carrera política alistándose 
en las filas de los revolucionarios de Marzo con el carácter de sub- 
teniente : continuó bajo esas banderas hasta fines de 1860, i recibió 
los grados de teniente i capitán sin llamar la atención por sus he- 
chos militares. Para 1860 la revolución federal habia tomado rnui 



serias proporciones : ol partido liberal estaba combatiendo con éxi- 
to admirable: el país estaba por todas partes cruzado de fuerzas 
revolucionarias ; i las autoridades del gobierno reducidas casi al re- 
cinto de las poblaciones. "Entonces se hizo Salazar revolucionario: 
abandonó sus antiguos compañeros i fué a tomar servicio eu el ejér- 
cito de la federación, donde fué recibido i colocado. 

El partido liberal nada tiene de esclusivista. Es, sintéticamente 
hablando, una propaganda do principios. Salazar al irse a sus filas, 
era un hombre conquistado, un sectario mas, ganado por la opinión. 
Sus antiguos compañeros podian llamarlo infidente, el liberalismo 
no podia mirarlo sino como un convencido. 



A medida que avanzaba la revolución federal, Matías Salazar 
cobraba importancia en el ejército; de modo que para 18C2 era 
jeneral, mandaba una brigada de trescientos soldados, i estaba alas 
órdenes del jeneral Jesús María Lugo, Jefe i director de las opera- 
ciones revolucionarias en Garabobo. Salazar se había elevado en 
la carrera militar, había conquistado fama de valiente en Quebrada- 
seca i otros campos, era una figura significativa en el ejército de 
Carabobo ; pero apesar de todo esto, se cuidaba muí poco de su re- 
putación, imponiendo a los vecindarios empréstitos forzosos que to- 
maba para sí, acompañando a sus tropas en escursiones expropiado- 
ras, desobedeciendo a sus jefes, i cometiendo otros actos verdadera- 
mente punibles. Mas de una vez el jeneral Lugo lo reprendió Be- 
veramente; pero a esas reprensiones contestaba con frases humildes 
de un sincero arrepentimiento i protestaba su futura enmienda. Sa- 
lazar no cumplía sus ofertas, i en el mes de diciembre de 1SG2, 
impuesto de que un comerciante estranjero respetable, avecindado 
en Tinaqnillo, conducía para este pueblo un cargamento de mercan- 
cías, se tiznó el rostro, i acompañado por unos cuantos de sus solda- 
dos, asaltó el convoi, dio muerte a dos arrieros que lo conducían, 
se robó todas las mercancías i fué a ocultarlas en un punto llamado 
El Sereno. De aquí le viene el epíteto de Encarbonado . 

Este solo hecho, continuación de otros graves, revela al hombre 
criminal ; i si se toma en consideración que el comerciante robado 
era para Salazar i sus deudos un completo caballero i un amigo ser- 
vicia], el hecho es doblemente criminal. 

Sabedor el jeneral Lugo, que a la sazón se hallaba en Montalban 
con una parte de su ejército, do este lamentable suceso i deseoso de 
reivindicar los fueros de la moral ultrajada i de librar de toda 
afrenta la honra del partido liberal, acordó el inmediato enjuicia- 
miento de Salazar i la prisión de este, que encomendó a la eficacia 
de los jeneralea Miguel Antonio Rojas i Evaristo Lima. 

Salazar después del suceso apareció por los lados de la Laguna 
do Tacarigua, i temeroso de que el coronel R. Salazar pudiese de- 
nunciarlo, lo partió la cara de un machetazo. Allí hubiera concluí- 



8 

do con la vida de aquel infeliz, si no llegan en el acto con fuerzas 
los jenerales Rojas i Lima i lo reducen a prisión. Conducido a 
Montalban, se le formó inmediatamente el respectivo sumario, en 
cuyas actas constaban rejistrados i probados, ademas del referido 
acontecimiento, otros no menos graves, que la pluma se resiste 
a pintar. 

Salazar reo, babia dejado de ser hombre para convertirse en som- 
bra. Aterrado por su propia concieucia, o buscando un perdón que 
imploraba de rodillas, tan pronto derramaba lágrimas como suplica- 
ba medroso i cobarde. Hasta probó hacerse el loco para desviar 
él fallo de sus jueces. Con este juicio hubiera concluido la vida 
de este hombre. El ejercito entero reclamaba su castigo : la hon- 
ra i buen nombre de la revolución exijian una condenación inme- 
diata ; pero nada de esto se hizo, porque Salazar compró la lealtad 
de los soldados que lo custodiaban, se fugó i fué a dar a Barqnisi- 
meto, donde se hallaba el jeneral Juan C. Falcon, Jefe de los fe- 
deralistas. Allá contó a su manera el suceso, e incorporado, aun- 
que sin mando al ejército, siguió la campaña hasta su conclusión 
en 1863. 



A mediados de este año hizo el jeneral Falcon su entrada triun- 
fal en Valencia, i Salazar le acompañaba; pero aquí fué nueva- 
mente reducido a prisión, por orden del jeneral Lugo, jefe de Ca- 
rabobo, para continuarle el juicio interrumpido. 

Las jestiones del jeneral Lugo en favor de la moral i de la jus- 
ticia quedaron nuevamente burladas en virtud del decreto de amnis- 
tía espedido por el gobierno federal, decreto que comprendía a 
Salazar i le abría las puertas de la prisión. 

Salazar quedó libre ; pero mal visto en Carabobo i tenido por to- 
dos los hombres como criminal, buscó otro teatro i se fué a Cojédes, 
entonces Estado independiente. Allí se hizo mni pronto ajitador 
político, jefe de partido, mandó el ejército, ejerció cargos impor- 
tantes, remató peajes, dispuso de las rentas, quitó a los empleados 
que colocaba la mitad de sus sueldos, en una palabra, tiranizaba. 

Convencidos los ciudadanos de Cojédes de que no podian vivir 
independientes, resolvieron en 1S66 anexarse a Carabobo, lo cual 
se llevó a efecto. Salazar volvió a Valencia con el carácter do 
diputado a la Lejislatura por el departamento Tinaquillo. 

Estas alternativas del hombre cuya biografía trazamos revelan 
un carácter incansable, nna tendencia constante, un espíritu in- 
quieto, una audacia que no tiene límites. Salazar lo pretendía 
todo : para él lo principal era el fin i los medios lo accesorio. El 
volvía a Carabobo, de donde había salido como criminal amnistiado, 
i volvía con la frente alzada. Nada de rubor, nada do vergüenza. 
Salazar traia ambición i propósitos de hacerse el campeón de sus 
propios mezquinos intereses. Concurría a la Lejislatura, no en 
virtud de honrosos precedentes i de esclarecida intelijencia, sino 
por las influencias que ejercía en el pequeño pueblo que lo hizo su 
mandatario. 



Al abrirse las sesiones de la Lejislatura de Carabobo en enero 
de 1867, el Estado se hallaba conmovido mui profundamente. Se 
habían formado círculos diversos, la autoridad ejecutiva había per- 
dido su prestijio i en el seno mismo de la Asamblea se ajitaban 
violentas cuestiones. Cada dia crecia el descontento : la ambición 
se presentaba por todas partes : el peligro amenazaba ¡ i en medio 
de tantos conflictos vemos a Salazar alzarse rápidamente i decir a 
algunos Diputados : "hacedme Presidente i la situación está sal- 
vada." Los lejisladores se miraron estupefactos. La audacia del 
amnistiado escedia todo límite : su ambición no reconocía barreras. 
Como asalta el ladrón al indefenso transeúnte, quería asaltar la 
primera majistratura de Carabobo prevalido del desconcierto jeueral 
i de la anarquía que reinaba en todas las opiniones. 

Al fin el descontento hizo crisis : estalló una revolución local el 
veinte del mismo mes i se dieron cita para el campo de batalla dos 
partidos que se llamaron, el uno legal i el otro constitucional. Sa- 
lazar formó a la cabeza del primero, levantó tropas, obtuvo una 
victoria el 17 de febrero a las inmediaciones de Valencia i entró 
a esta ciudad, sin combatir, el mismo dia. A no ser por la inter- 
vención oficiosa del gobierno de la Union que colocó en la Presi- 
dencia del Estado al jeneral Fermín Montagne, Salazar se adueña 
de Carabobo, que era su mayor deseo i su mas acariciado sueño. 

Este fracaso de las aspiraciones de Salazar no lo desconcierta. 
No habiendo conseguido el mando civil, busca i obtiene el militar i 
es nombrado Jefe de Operaciones de Carabobo. Con este carácter 
marcha, llevando una División, hacia los pueblos de Cojédes: re- 
corre a Tinaquillo, Tinaco, Pao i Baúl, donde proclama el 19 de 
marzo el restablecimiento de la paz : regresa a Valencia, renuncia 
el cargo militar i en 1? de abril se incorpora a la Lejislatura pro- 
testando por escrito: "que siempre que los derechos del pueblo 
puedan correr el peligro de sepultarse en los abismos de la anarquía, 

que el gobierno necesite de su apoyo, su espada estaria dispuesta 
a defenderlos ; i que si algo habia sentido después de la campaña 
era no haber conquistado en ella poder i honores para arrojarlos a 
los trastornadores del crden público i saciarles su desenfrenada 
ambición." Estos conceptos eran mentidos. x Las palabras i los 
hechos de Salazar no tienen ninguna afinidad : protesta abnegación 
i busca el poder : protesta desprendimiento i desinterés, i propone 
a la misma Lejislatura que se le adjudique el peaje de un camino ! 

1 Qué eran para Salazar los Diputados de Tinaquillo ? Esclavos 
que dividían con el Señor sus propias dietas ! 

La Lejislatura cerró sus sesiones. 



Una revolución jencral habia estallado eu el pais. Muchos in- 
dividuos liberales i oligarcas, mal avenidos con la política del Pre- 
sidente de la República, Mariscal Falcon, levantaron el estandarte 
de la guerra civil. Esa revolución no proclamaba principios sino 
hombres. Absurda era su esencia, tenia que ser ridicula en su forma. 

El gobierno se dir.puso al combate, allegó elementos, levantó tro- 
pas, abrió operaciones militares en los Estados conmovidos, i parti- 
cularmente en Garabobo tomó medidas activas para aniquilar la 
insurrección. En esos momentos volvió Salazar a la escena ofre- 
ciendo sus servicios i se le comisionó para reducir a prisión en Ti- 
naquillo a José Gregorio Márquez, que se hallaba complicado en 
planes revolucionarios. Salazar recibo gustoso este encargo, pero 
abusa de sus facultades i procede de propia autoridad a levantar 
fuerzas, a embargar ganados de particulares i a cometer actos dia- 
metralmente opuestos a la política del gobierno ; tales como la 
muerte que hizo dar a Joaquin Cortés, vecino de Tinaquillo. 

Alarmado el gobierno de Carabobo con tales hechos, resuelve la 
prisión de Salazar i dirije con tal fin al Jefa del Distrito, jeneral 
León Golina, la siguiente importante nota : 

"Estado de Carabobo. — Secretaría de Estado. — Número 639. — 
Ciudadano jeneral Jefe del Distrito militar del Ceutro. — El ciuda- 
dano jeneial Presidente del Estado me encarga poner en su cono- 
cimiento hechos de la mas funesta trascendencia, porque cediendo 
en desprestijio del gobierno nacional i del del Estado, autorizarían 
al tolerarse, la irrisión de todos i el desprecio del pais. Comisio- 
nado el jeneral Matias Salazar para reducir a prisión a José Gre- 
gorio Márquez, procedió de propia autoridad a levantar fuerzas, a 
embargar ganados i a ejecutar otros actos, en abierta oposición con 
las ideas i política del gobierno. Doloroso, mui doloroso es para el 
ciudadano jeneral Presidente i para el Secretario que suscribe, co- 
mo sin duda lo será para el ciudadano jeneral Jefe del Distrito del 
Centro, tener que levantar la espada de la lei para dejarla caer so- 
bre la cabeza de un antiguo compañero de causa ; pero el majistra- 
do no debe cejar ante las exijencias del deber, sea cual fuere la 
persona del culpable. El ciudadano jeneral Presidente ha decreta- 
do la prisión del jeneral Salazar i el desarme de sus fuerzas acuar- 
teladas en Anzoátegui ; comunicándolo a usted para que libre sus 
órdenes a fin de que esa operación, de la cual depende en gran 
manera el orden público, se lleve a efecto sin desgracias. A este 
respecto todo lo espera el gobierno de su reconocido patriotismo. — 
Dios i Federación. — (Firmado.) — J. M. Ortega Martínez." 

El jeneral Colina, hombre de regularidad, majistrado recto i jus- 
ticiero i ciudadano que ama el orden por instinto i detesta el vicio 
por hábito, hizo llovar a cabo en ol acto el desarme de las fuerzas 



11 

de Salazar i la prisión do este : mandándolo a los pocos dins con 
una escolta al Castillo Libertador de Puerto-Cabello, lugar mas se- 
guro que las prisiones de Valencia, de donde habia intentado fugar- 
se. Entonces fué que el jeneral Colina dijo al gobierno aquella 
célebre frase : Salazar puede ser juzgado por cualquier crimen; i 
no se equivocaba, porque Salazar babia recorrido paso a paso toda 
la escala de la degradación humana. 

Un consejo de oficiales jenerales debia juzgar a Salazar; pero el 
gobierno nacional, avocándose el conocimiento de la causa, hizo 
trasladar al reo a la capital de la República. Allí permaneció dete- 
nido por algún tiempo, suplicando perdón, ofreciendo correjirse i 
sacrificarse en servicio del gobierno, hasta que, complicado i com- 
prometido en un movimiento que se fraguaba en Caracas, lo denun- 
ció al jeneral Falcon, suplicándole de nuevo. 

Falcon era un hombre sensible i magnánimo : la desgracia lo 
conmovía hondamente : tenia mas corazón que cabeza ; i hé aquí 
por qué sentía mas que pensaba. Los ruegos de Salazar le hicieron 
perdonarlo e incorporarlo al ejército. 

Cualquiera otro hombre se hubiera correjido con tantos i tan re- 
petidos golpes ; pero siguió Salazar su antiguo camino, i a cada paso 
daba lugar a nuevas reconvenciones ; mas para esta época, el go- 
bierno del jeneral Falcon habia desaparecido, i Brnzual, el desgra- 
ciado i caballeroso Bruzual, sostenía entre sus manos una autoridad 
que se escapaba por instantes, un gobierno que se desvanecía como 
el humo. Las facciones habian incrementado : los conductores de 
la revolución, volviendo la espalda al tratado de paz celebrado en 
Antímnno el 11 de mayo de 1868, se fueron al Oriente a ofrecer la 
dirección de los sucesos al jeneral José Tadeo Monágas. De allá 
regresaron, con el funesto Jefe a la cabeza, i se posesionaron de la 
capital de la República después de tres dias de combate. Bruzual 
pudo escaparse i volar con algunos de sus mejores partidarios á' 
Puerto-Cabello a establecer el gobierno i continuar la lucha; pero 
esta resistencia no dio otro resultado que la muerte de aquel joven 
militar, orgullo de su partido i esperanza de la patria. 



Salazar quedó alzado por su cuenta en esos montes de Tinaqui- 
11o, pero acosado por sus contrarios hizo la paz i entregó las armas 
el 30 de diciembre, contentándose con las garantías que le ofrecía 
el gobierno de la revolución de Junio. Entonces se trasladó a Va- 
lencia i estableció una casa mercantil de poca importancia. 

La libertad de Salazar duró apenas tres meses, pues el 8 de 
abril de 1869 fué reducido a prisión por orden del Presidente de 
Carabobo, Isidro Espinosa, conducido en el mismo dia a la cárcel 
pública, i en la madrugada siguiente enviado al Castillo Libertador ; 
dándose por motivo de esta prisión et hecho de hallarse Salazar 
fraguando planes revolucionarios. La causal era falsa, porque Sa- 
lazar no conspiraba. El partido liberal se ajitaba pacíficamente 
por medio de la prensa, de las reuniones tranquilas i de las eleccio- 



12 

«es. Ametrallado en junio, habiendo perdido muchos de sus 
hombres importantes, se levantó ese partido, recordando sus triun- 
fos de 1846, fundó el periodismo doctiinario con el Diario de Cara- 
cas i La Union Liberal, i dio a sus contrarios una idea completa de 
cómo se reaccionan legalmente las verdaderas sociedades políticas. 

Espinosa prendía a Salazar mas por sus hechos pasados que por 
sus complicidades presentes. Lo temía, i no se detuvo para firmar 
la orden de arresto. 

La Corte de Oarabobo se declaró incompetente para reconocer 
de un recurso de amparo introducido por la esposa de Salazar, por 
lo cual esta se decidió a acusar al Presidente Espinosa, buscando 
en un juicio de responsabilidad contra el mandatario, probar la 
inocencia del detenido. La acusación fué declarada con lugar, pero 
el preso continuó preso. Mas tarde, el 26 de abril, dirijió Salazar 
una enérjica solicitud al Congreso donde manifestaba : "que sabia 
muí bien que la voz de un preso, por la mano de la arbitrariedad, 
no halla jueces que la oigan, i que a él no quedaba otro recurso 
contra sus opresores que el de la 6ancion moral que los condene; 
pero diríjiéndome a vosotros (los Diputados) yo busco esa sanción, 
no en demanda de mi libertad, que a vosotros no toca acordarla, 
sino en queja de la arbitrariedad. Bien comprendo que amenazan 
volver para la patria aquellos días luctuosos i fatídicos que siguioron 
al 5 de marzo de 58 hasta 1863, cuyo lustro fué una larga noche 
alumbrada pálidamente por la luz funeraria de los patíbulos, de los 
pontones, de Bajo-seco i de estas bóvedas, hasta que el partido 
mártir, triunfante i vencedor, pronunció el Jiax lux a aquella ho- 
rrible noche, otorgando a sus contrarios el mas amplio, el mas sin- 
cero i cumplido de todos los perdones." Concluyó Salazar espo- 
niendo : " la arbitrariedad i la infracción de las leyes han sido eje : 
cutadas en mi persona, i toca a vosotros, ciudadanos Diputados, la 
reivindicación de estas, usando o cumpliendo con la 3 a de vuestras 
atribuciones constitucionales." A los catorce dias acordó la Cá- 
mara de Diputados remitir al Ejecutivo el espediente para que 
averiguase los hechos, i si de ellos resultaba que el postulante no 
estaba reducido a prisión por delitos comunes, se sirviese disponer 
lo quo acordaba la Constitución sobre garantías individuales. 

En este estado, Espinosa puso a Salazar en libertad. 



Vamos a entrar al período mas interesante de la vida de Salazar, 
a la época en que este puso su espada al servicio do la revolución 
liberal que se constituyó en gobierno el 27 de abril de 1S70 ; pero 
antes digamos algo sobre la situación que atravezaba Venezuela a 
mediados de 1869. 

El gobierno nacional estaba presidido por el jeneral José Ru- 
perto Mouágas, hombre sin prestijio, sin talento, sin ilustración i 
sin dotes de mando. Débil de carácter, fácil a las sujestiones, 
inclinado a pueriles pasatiempos i ajeno a los complicados asuntos 
do la política, era el jeneral Monágas mas un idiota que un gober- 



13 

nante. Vino al poder por una necesidad ; pero vino a servir, no a 
los intereses de la revolución de junio, sino a las pasiones del par- 
tido conservador. El jeneral Monágas se divertía, mientras que 
sus Ministros disponían de la suerte del pais, dictando resoluciones 
inconsultas i preparando el terreno para una conflagración. 

El Ministerio lo hacia todo, lo disponía todo. Ricardo Becerra, 
ese funesto periodista, oprobio de los escritores e ingrato huésped 
de la República, con su vanidad inmensa i sus intenciones deprava- 
das, daba la voz de alarma, redactaba circulares, aconsejaba tira- 
nías, persecuciones i violencias. La fusión de junio habia corrido 
la misma triste suerte que la fusión de marzo. Los rojos estaban 
en el poder i los liberales temían con fundamento por su libertad i 
por su vida. 

La situación era difícil. Por una parte el gobierno no se consti- 
tuía bajo bases sólidas, i por la otra el partido vencido no tenia se- 
guridades de existencia. Los Ministros duraban dias : las conno- 
taciones liberales eran asechadas i miradas con ojeriza : los Esta- 
dos reclamaban el respeto de sus derechos ; i los habitantes de la 
capital estaban espuestos a serios peligros. 

En esos dias el jeneral Antonio Guzman Blanco, la figura mas 
elevada del partido liberal, por compromisos de familia, resuelvo 
dar en obsequio de sus amigos un baile para el cual invita a la par- 
to mas notable de Caracas, sin distinción de partidos. La invita- 
ción fué estensa, como son las relaciones del jeneral Guzman Blan- 
co, i comprendía al Presidente de la República* Ministros del Des- 
pacho, Diplomáticos, ciudadanos particulares, etc. Becerra i sus 
secuaces empezaron a trabajar asiduamente para estorbar la reali- 
zación del sarao, i no pudiendo conseguirlo, reunieron en la noche 
del 14 de agosto, en que aquel debia tener lugar, una turba des- 
enfrenada i soez ; se dirijíeron a la casa del jeneral Guzman Blanco, 
como a las ocho i medía de la noche, e impidieron la inocente fiesta, 
pero del modo mas bochornoso i criminal. Allí fueron ultrajados 
los fueros de la mujer i la dignidad del hombre : el hogar domés- 
tico violado: la propiedad distribuida; i la vida amenazada du- 
rante seis largas horas por una turba ebria de aguardiente i de sed 
de sangre. 

A ese acontecimiento, que la prensa ha condenado i la sociedad 
maldecido, se siguieron otros i otros, como la muerte del eminente 
Dr. Urrutia, los linchamientos de los jenerales Juan Bautista Gar- 
cía i Miguel Gil i las prisiones de muchos ciudadanos. El partido 
liberal estaba sentenciado. Guzman babia tenido que abandonar 
el pais : la libertad habia desaparecido : las leyes callaban: la ar- 
bitrariedad se hacia lugar i por todas partes se estendia el dominio 
del terror. ¿ Qué debia hacer el partido liberal ? No podia existir 
como asociación política, ni predicar sus doctrinas, ni realzar sus 
hombres, ni procurar legalmento su triunfo. Tenia que irse al 
campo do los combates, a donde era arrojado por las persecuciones, 
luchar de nuevo, soportar los rigores do las campañas i conquistar 
sus derechos i el prodominio de las instituciones democráticas, ven- 
ciendo i aniquilando a sus adversarios. El 14 de agosto habia sido 
el toque de llamada, la voz de alarma lanzada eu el centro mismo 



do la capital de la República, i como ol Locho Iiabia quedado com- 
pletamente impune i sus autores alabados por aquellas autoridades 
cómplices, el problema tenia que decidirse por medio dol fuego de 
la fusilería i del estampido del cañón. 

Gomo hemos dicho, Guzman Blanco salió del país i fué a fijar su 
residencia en la isla de Curazao. Allá lo siguió la malquerencia de 
los que ocupabau la casa de gobierno en Caracas, quienes jestiona- 
ron, aunque sin positivo éxito, ante la Cotí© de La Haya, la espul- 
sion de aquel ciudadano. 

Rápidamente se conmovió el partido liberal. El jeneral José 
Ignacio Pulido se puso en armas en Zamora, Joaquin Salazar ea 
Bolívar, Borrego i Crespo en el Guárico, Monágas (José Gregorio) 
en Oriente, Zavarse en Barquisimeto, Alcántara en Aragua, Cql- 
menárez en Yaracui, i muchos otros Jefes levantaron la enseña 
amarilla, reconociendo a Guzman como Jefe. 



Mafias Salazar también se puso en armas, uno de los primeros, 
el 12 de setiembre de 1869, allegó elementos, organizó tropas, so 
puso en contacto con todos los liberales e inauguró su campaña qui- 
tando, con pocos soldados, un parque de los euemigos que iba cus- 
todiado por una respetablo escolta. A los pocos dias Salazar ha- 
bía puesto al gobierno de Carabobo eu mui serios conflictos. El 
conocimiento práctico i la vaquía que tenia del territorio, descon- 
certaban i enloquecían al enemigo. Ya aparece por Tinaquillo, 
luego por San Carlos, después por la Laguna : aquí toma armas, 
allá municiones, mas allá ganados i bestias. Era incansable, i hu- 
bo noche en que mudará tres veces de campamento. 

A los dos meses de campaña, Salazar había organizado uu respe- 
table cuerpo de ejército i aBumido el mando en jefa de las operacio- 
nes en todo ol territorio do Carabobo i Cojédes : acepta el combato 
cuando puede vencer, i lo evado cuando no cuenta con grandes pro- 
babilidades de triunfo : hace evoluciones en que demuestra suma 
actividad : divide en guerrillas sus tropas cuando es perseguido por 
un enemigo mui superior en número : las reconcentra velozmente 
para hacer una operación importante i rápida ; i en el espacio de 
dos meses destruye los cuerpoB mandados por los jefes enemigos 
Antonio Barrero, Pedro Torres, Nicolás Torrollas, Félix M. Moreno, 
Aquino, Partida i otros. Para el 12 de enero de 1870, Salazar era 
dueño de todo Cojédes i de la mayor parte de Carabobo. 

No es posible negar el tino, actividad i buen suceso con que Sa- 
lazar hacia esta campaña, pero tales resultados no se deben esclusí- 
vamente al hombre, so deben al partido. Alzado Salazar el prime- 
ro en Carabobo, le dieron su continjente para la lucha jefes tan su- 
periores i esperimentados como R. D. Heuríquez, Zapata, López 
Gutiérrez, Pablo -J. Pérez, Villauueva, Angarita, U. Rodríguez, 
M. González, Montañez, los Robles, Hidalgo, Cedeno, los Díaz, 
Villegas, Sibira i todas las individualidades del partido liberal. En 
Valencia se había establecido un comité revolucionario, compuesto 



15 

de liberales activos e intelijentes, que proporcionaba a la revolución 
todo lo que ha'uia menester para su estenso desarrollo i pronto 
triunfo. Con tales elementos el ejército de Salazar, era invencible 
i pndo alcanzar, entre otras» las victorias de Macapo, el Tigre i Ca- 
rabobo, donde en pocos instantes quedaron aniquiladas i destruidas 
las mas lucidas divisiones que levantó la oligarquía en el Centro. 

Al amanecer del 17 de enero, se presentó Salazar al frente de 
Valencia con mil i cuatrocientos soldados : exijió la entrega de la 
plaza por medio de los comisionados Dr. R. Sandoval i Mariano 
Espinal, i habiéndole contestado negativamente las autoridades 
que guardaban la ciudad, rompió sobre esta sus fuegos a las nueve 
A. M. Inútil tentativa ! El combate duró hasta las doce del dia sin 
mas fruto que la pérdida de la vida de muchos liberales, gasto de 
municiones, (escasas entonces) desorganización i una precipitada 
retirada. Este ataque a Valencia merecía un enjuiciamiento. Sa- 
lazar tenia órdenes terminantes para conservar i aumentar sus tro- 
pas, para evadir toda batalla de dudoso resultado, i para combatir 
solo en el caso de llevar mui notables ventajas sobre el enemigo; 
pero el carácter de Salazar no se amolda a la disciplina, desobede- 
ce por instinto, se insurrecciona por sistema. Salazar, que a fuerza 
do instancias de sus compañeros de campaña i de los liberales de 
las poblaciones, había reconocido como Jefe i director do la revolu- 
ción al jeneral Guzmau Blanco, desobedecía a cada instante las ór- 
denes que este le trasmitía desdo Curazao. 



El 14 do febrero desembarca el jeneral Guzman Blanco en Cu- 
ramichate. Este notable suceso imprimo a la revolución un asom- 
broso impulso porque traia al territorio patrio un Jefo de grandes 
concepciones, un directoi de vastísimo talento i un parque ostraor- 
dinario. Sabia el jeneral Guzman Blanco que el enemigo recon- 
centraba sus mayores elementos de combate en las costas de Coro 
para impedir aquel desembarque, posesionarse del gran parque i ani- 
quilar de ese modo la revolución ; pero aquel jefe, antes de lanzarse 
al mar, había ordenado al jeneral Pulido que viniese con todas sus 
tropas sobre las costas occidentales de Yaracui, con el fin de que 
lo ausiliase. El jeneral Pulido cumplió estrictamente aquellas ór- 
denes i salvó, con la memorable batalla del Guay, los mas preciosos 
elementos del partido revolucionario. 

El 21 o 22 da febrero entra el jeneral Guzman Blanco^a'San 
Eelipe i dirije desde esto punto una alocución a los puoblos i una 
importante carta política a las entidades oligarcas de Valencia, 
escitándolas a que interpusiesen su influencia, para llegar a una 
transacción pacífica, por el estilo de la de Coche, que evitase el 
derramamiento de sangre, i a la misma oligarquía las represalias 
consiguientes a bu temeraria usurpación. A esto so contestó : quo 
la oligarquía tenia medios de resistencia! q-ue nocroia en la opinión 
revolucionaria. Volvió el jeneral Guzmau Blanco, desde Baiqui- 



16 

simotn, a liaeer proposiciones que tampoco fueron aceptadas. La 
paz por medios conciliatorios era, pues, imposible. La oligarquía 
quería continuar la guerra para perecer en ella. 

En posesión el jeneral Guzman Blanco de un inmenso prestijioi 
de un gran parque i reconocido por todos los jefes que estaban en 
armas en el pais, inclusivo Matias Salazar; organiza prontamente 
la campaña, reconcentra el ejercito de Occidente, lo equipa i mu- 
niciona, i emprende su mareba hacia el centro do la República, 
" La revolución, como dijo el jeneral Guzman mas tarde, tuvo tres 
períodos: el „de las pequeñas guerrillas casi desarmadas, que duró 
pocos meses : el de la formación de ejércitos en torno de los jefes 
que habían ido resultando con mayores aptitudes ; i el do mi des- 
embarco i concentración de esas robustas masas en el grande 
ejército." 

El 24 de marzo salió el ejército de Barquisimoto por dos distintas 
direcciones; cubriondo la línea del Yaracui hasta Nirgua el jene- 
ral Pulido con el ejército de Occidente ¡ i el jeneral Gil con parte 
do las reservas barquisimetanas, la do San Carlos, por Cojédes 
hasta el Naipe. Salazar estaba do vanguardia escalonado desde el 
Tinaco hasta las sabanas do Carabobo. 

El 14 de abril llegaron los dos ejércitos al Torito, comieron, se 
refundieron los parques, se reunieron las municiones de boca, i ol 
mismo día por la tarde, emprendió el jeneral Guzman la marcha 
con aquel lucido cuerpo, flanqueó por la noche a Valencia, penetró 
en la Sierra i so interpuso entre Carabobo i Aragua, tomando po- 
siciones en el Vallo do Noguera. 

El jeneral Guzman llevaba su vista fija sobre Caracas; poro 
como convenia a sus planes que las fuorzas enemigas situadas en 
Puerto- Cabello i prontas a defender la Capital, yéndose por la via 
marítima, se encerrasen en Valencia, hizo diversiones por la La- 
guna i hasta los Guayos para esplotar la impericia de los jeuerales 
contrarios que, creyendo en la efectividad del amago, volaron de 
Puerto-Cabello a meterse dentro de las trincheras de Valencia. 
Horas después, el jeneral Guzman marchaba para Caracas, previ- 
niendo a las fuerzas de la Laguna i do la Costa, que dificultasen 
todo movimiento del enemigo. Entre ol Pomarroso i Magdaleno 
so le incorpora Alcántara con 1.300 aragüeños. Dos días después 
estaba sobre la Victoria ofreciéndole una capitulación para hacer 
creer que iba en busca de aquel punto ; i mientras los inespertos 
jefes se concentran dentro de trincheras creyendo que su- negativa 
baria el ataque inminente, flanquea la ciudad i va a pernoctar a 
las márjenes del Tui. El 23 llegó a las Adjuntas, donde se le pre- 
sentaron el jeneral R. Carabaño i el señor Pedro E. Rojas, comi- 
sionados del cuerpo llamado Congreso. El 24 se trasladó a Antí- 
mano, despachó cou sus proposiciones a los comisionados i reunió 
un consejo de jenerales para organizar el asalto de Caracas. 

Las proposiciones de Antímano las había formulado el jeneral 
Guzman en términos tan liberales, que él mismo temió haber ido 
mas allá de donde la opinión revolucionaria quería llegar. A esas 
proposiciones se le coutestó rompiéndole los fuegos el dia 25, i 



17 

desde ese instante quedó establecida la batalla, que paulatinamente 
se fué jeneralizando en todas sus lineas, hasta el dia 27, en que la 
inas espléndida victoria coronó los esfuerzos de aquel ejército de 
8.000 hombres. La revolución habia triunfado i se constituyó en 
gobierno. 



Durante esta prodijiosa campaña de setenta i dos dias, Matias 
Salazar hizo por el partido liberal todo cuanto es dable a ua esfor- 
zado partidario i luchó en Caracas con grande arrojo ; pero desde la 
noche del mismo 27 de abril, no obstante haber sido nombrado 
2° Jefe del ejército al mando del jeneral Ouzmau, comenzó a bus- 
car el predominio de su propia personalidad. Salazar colmado de 
honores, revestido de mando i cargado de recompensas, no estaba 
satisfecho. Semejante al tonel de las Danaides, nada llenaba la 
medida de sus aspiraciones- ¡ Qué hombre i qué carácter ! 

Desde la misma noche del 27, Salazar reúne a sus adeptos, les 
pinta el estado del país, les significa la necesidad de desconocer en 
primera ocasión al jeneral Guzman i termina presentándoseles co- 
mo el único Jefe llamado a presidir una futura reacción. "Yo 
continuaré, les dice, con este mando que se me ha dado, pero pron- 
to llegará el dia del combate, i cuento con vosotros.'' Semejante 
proceder, indigno de un corazón bien puesto i de una conciencia 
pura, no reconocía mas causa que el hábito eminentemente faccioso 
de Salazar; su tendencia al mal, su amor a las revueltas, su ambi- 
ción de mando i su sed de riquezas. Pero no se crea que Salazar 
buscaba poder i oro para emplearlos en beneficio del pais, no ; Sala- 
zar aspiraba a esas grandezas para hacerse superior a los hombres, 
a las leyes, a la familia i a la sociedad : quena ponerse en capaci- 
dad de esplotar en su provecho las rentas públicas, de disponer de 
la propiedad privada, de torcer el camino de la justicia i de hacer 
violencia hasta al pudor do la mujer, como tenia de costumbre. 

El jeneral Guzman Blanco habia dado a Salazar empleos honorí- 
ficos i elevados, junto con una distinción i aprecio privados verda- 
deramente ecepcionales. Sin embargo Salazar no correspondía a 
ese noble tratamiento sino con actos de miserable perfidia : en pú- 
blico enaltece a Guzman, pero en privado lo detracta. 

Algo pudo saber el jeneral Guzman Blanco, Jefe de la revolu- 
ción, de la conducta que observaba Salazar ; pero no queriendo 
que cualquier acto de represión de su parte se tradujera como el 
deseo de arrojar du su lado i do la escena pública a un compañero 
de fatigas i de victorias, se contuvo prudentemente esperando que 
Salazar se enmendaría. Quimérica esperanza ! 

El 12 de Mayo sale de Caracas el ejército a someter a los oli- 
garcas asilados en Puerto-Cabello. El jeneral Guzman iba como 
• Jefe i Salazar como segundo. El 21 son asaltadas las trincheras 
de Puerto Cabello i el enemigo huye a ampararse en eus buques i 
en el Castillo. Entonces Salazar fué mandado a Valencia a cu- 
brir a Cojédes, Carabobo i Aragua, sirviendo do apoyo con sus tro- 

2 



18 

pas a loa jenerales Colina, García i Zavarse, que estaban en Occi- 
dente, mientras que los jenerales Arestiguieta i Mendoza con 1500 
hombres ocupaban a Puerto-Cabello. Salazar llega a Valencia, i 
apesar de que solo tenia un carácter militar, se injiere un los asun- 
tos civiles i gubernativos de Carabobo i se hace nombrar Presiden- 
te por las municipalidades. Quería por todas partes estender su 
poder, preparando aBÍ el terreno para sus futuros planes. Toma el 
nombramiento como un cargo de espectativa, conserva su carácter 
militar, pero se mezcla en todo, especialmente en las rentas. Pro- 
clama i dice : " He sido, soi pobre, i quiero que los pobres ganen 
con honra el pan de su existencia. Ayudadme conciudadanos, 

que mucho tenéis que esperar de mí Es necesario enriquecer 

a los pueblos, porque ellos dan su sangre por la libertad." 

Pobre, i diíponia de todas las rentas de Carabobo ! Pobre, i ha- 
cia suya la mayor parto de las contribuciones! Salazar, cou tales 
conceptos, no buscaba sino prosélitos. 



La resistencia del Castillo de Puerto-Cabello desapareció ol 3 
de agosto. El jeneral Venancio Pulgar que se bailaba prisionero- 
de los oligarcas en aquella fortaleza, combina en su bóveda un plan 
de sublevación que lleva a efecto con el mejor suceso. Perdido 
este punto importante para la oligarquía, dirijió esta sus esfuerzos 
hacia el Occidente, donde apareció acaudillada por José M. Her- 
nández i Manuel Herrera. En Barquisimeto se hallabau con fuer- 
zas bastantes los jenerales Arestiguieta i Mendoza; mas el joneral 
Guzman dispuso la marcha de Salazar con tropas de Carabobo, pa- 
ra aumentar el ejército. Salazar marcha i al llegar a Barquisimeto, 
lo primero que hace es ponerse en colisión con Arcstiguieta i Men- 
doza, prendiendo al primero sin facultad i sin justicia. Este hecho 
causó profunda sensación i disgusto entro los vencedores del cerro 
Manzano, muchos de los cuales abandonaron el servicio. Salazar 
contaba para combatir al enemigo con dos mil hombres bien equi- 
pados que le habia entregado el jeneral Arestiguieta, con mil mas 
que habia llevado de Carabobo, con doscieutos mil tiros en par- 
que, con municiones de boca, etc. Todo esto se lo habia propor- 
cionado el jeneral Guzman pai a que, en una sola batalla, acabase 
por completo con la reacción ; pero Salazar divide sus tropas do- 
jando al jeneral Colina en Barquisimeto, mandando a Daboin por 
Boconó hacia la Cordillera i yéndose él hacia el territorio de Por- 
tugueza. Avisados Herrera i Hernández de estas operaciones na- 
da militares, avanzan hacia Barquisimeto buscando batir al detal el 
ejército del gobierno. Salazar contramarcha, poro Daboin no pue- 
de hacer lo mismo, cuando ya los oligarcas estaban por Cerritos, 
blancos, buscando cortar a aquel, lo cual verificaron sin grande 
esfuerzo. 

. Salazar con el ejército desmembrado por su" imprevisión, se vio 
obligado a combatir i a dar la batalla que se ha llamado de la 



19 

Mora. Allí fué rechazado; i abandonó al enemigo todo el Estado 
Barquisimeto, parte de las municiones i muchos jefes, oficiales i sol- 
dados heridos. Era casi una derrota. 

Conocedor el jeneral Guzman de los sucesos, manda volando a 
Salazar refuerzos de tropas i de parque, le ordena situarse en Gua- 
ma, como punto estratéjico, i le ofrece ir él personalmente a poner- 
se al frente de los acontecimientos. La situación era grave porque 
si Herrera i Hernández obtienen un segundo triunfo; habrían los 
liberales perdido dos tercios de la República. Salazar sale de San 
Felipe, i al llegar a Sebastopol so tropieza con los enemigos : se tra- 
ba el combate i se gana providencialmente el 21 de setiembre la im - 
portante batalla de Guama. Esa victoria se debe especialmente a 
Colina, a Rodríguez (Marcos,) a Jnárez, a Manuel González. Sa- 
lazar quería retirarse, pero Colina lo hizo combatir. Sin embargo 
Salazar se apropió todos los honores del triunfo, i lejos de esplotar 
este para asegurar la paz, haciendo a la mutilada i dispersa oligar- 
quía una persecución activa i eficaz, va a Barquisimeto en busca de 
ovaciones, a espedir proclamas, a dictar decretos de indultos, sin 
atribuciones para ello i a ofrecer medallas de honor, también sin 
facultades. Luego regresa a San Felipe donde despoja de una gran 
parte de sus propiedades a algunos particulares : sigue a Valencia : 
convoca de nuevo a las municipalidades a elejir Presidente i De- 
signados para Carabobo : proclama que cualquier ciudadano que 
resulte electo tendrá su apoyo particular i desinteresado, su' mas 
reverente acatamiento i bus votos mas sinceros, i con la misma 
pluma con que firma esta proclama, escribe la lista de candidatos, 
donde aparece para Presidente el nombre de Maltas Salazar. 

Con la victoria de Guama la oligarquía habia quedado postrada, 
i allí hubiera sido sellada la paz de que tanto necesitaba el país 
para reponerse de sus hondos quebrantos, si una activa persecución 
hubiera complementado los frutos de aquel triunfo ; pero Salazar, 
Jefe del ejército, no quería la paz: quería Ja continuación de la 
guerra para que también continuase la. anormalidad política i poder 
seguir siendo arbitro de los destinos del Centro, Dios de) nuevo pa- 
ganismo i tener como renta suya las ordinarias de Carabobo i las 
pingües de la Alcantarilla. 

Salazar se creia ya superior al mismo jeneral Guzman Blanco : 
toma la estimación i favores que este le dispensa a cada paso, como 
un signo de temor. Comienza a dar forma, unidad i concierto a su 
antiguo proyecto de rebelión : sueña con llamarse Presidente de la 
República : por todas partes arroja inconvenientes a la marcha 
progresista de los sucesos : en Valencia patrocina unos cuantos ofi- 
ciales que llevaban, por sus hechos desarreglados, el significativo 
epíteto de niños de Escija : escusa perseguir a los dispersos de 
Guama, reconstituidos bajo la autoridad d-e Manuel Herrera, para 
lo cual p retesta que sus soldados carecen de equipo : recibe ele- 
mentos para la terminación de la campaña i los deja inactivos ; i al 
fin, después de muchas perplejidades i de reiteradas órdenes del je- 
neral Guzman Blanco, resuelve abrir operaciones, marcha al Occi- 
dente i abandona el ejército, a poca distaucia del enemigo, i regresa 
a Valencia a jugar gallos /.' 



20 

Tales siiceso9 tenían que desagradar al jeneral Guzman Blanco, 
pues la conducta de uno do sus principales Tenientes precipitaba la 
República en el abismo de una guerra sin término i llevaba al sonó 
del ejército el jérmen déla deslealtad ; i asi se vio precisarlo a em- 
prender marcha para Valencia, donde llegú el Í4 de enero de 187], 
con el ánimo de hacer presente a Salazar, en la intimidad del amigo 
i del compañero, toda la gravedad de sus hechos i de inclinarlo a se- 
guir un recto i concienzudo camino. Salazar oye las observaciones 
razonables de su Jefe, conviene en que ha obrado mal, promete 
que desde aquel instante seria otro, que se sacrificarla defendiendo 
el gobierno liberal i a su digno Presidente, que devolvería al go- 
bierno de Carabobo las rentas que habia tomado" con el pretesto do 
aplicarlas a los gastos de la guerra ; i para dar al jeneral Guzman 
Blanco una prueba mas de su adhesión, espide una proclama, don- 
de entre otros, emite estos conceptos : "Cada denota que se da a 
los enemigos de nuestras instituciones, es como un peso mas que so 
arroja a la balanza de la tranquilidad i del bienestar públicos. El 
digno Presidonte provisorio de la República, jeneral Antonio Guz- 
man Blanco, cuenta los momentos de devolver al pueblo su poder, 
anheloso de ser siempre el fiel ejecutor de la voluntad nacional. 
TJna serie de triunfos le trajo a la suprema autoridad el 27 de abril, 
i el querer de los pueblos de Venezuela le llevará a la presidencia 
constitucional de la nación. El, que no ha desmerecido ejerciendo 
el poder dictatorial : él, que ha podido tener en sus manos esa bra- 
sa que quema, sin lastimarse, es el que merece con mas razón tener 
las riendas del gobierno, representando la dignidad i la gloria del 
pais. Yo le he acompañado en los peligros : mi espada ha servido 
la cansa liberal obedeciéndole, i mis votos serán en todo tiempo por 
su elevación i su felicidad." 

Con tales hechos quedaban terminadas, pero aparentemente, las 
disenciones de Salazar. Creyó el jeneral Guzman Blanco que es- 
te cumpliría sus solemnes promesas i partió para la capital de la 
República; pero no sucedió así. Salazar, al volver la espalda su 
Jefe, olvidó sus espontáneas ofertas, volvió al camino que habia 
abandonado por un instante i, en lugar de ir a Occidente a perse- 
guir al enemigo, se dirije a Caracas acompañado de los niños de 
Escija, con quienes dias antes se habia retratado, a presenciar las 
fiestas del primer aniversario del 27 de abril. ¡ Cuánta i cuan 
graude no seria la sorpresa del jeneral Guzman Blanco ! Matias 
Salazar, reincidente i culpable, provocaba el castigo, despreciaba 
sus juramentos i hacia traición a sus deberes. 

Insiste otra vez el jeneral Guzman en recordara Salazar el cum- 
plimiento de sus sagradas obligaciones, i después de muchos esfuer- 
zos lo hace salir de la capital de la República ;, pero Salazar antes 
de abandonar esta ciudad, se pone en contacto con algunos descon- 
tentos oligarcas i liberales, entre los que figuraba en primer término 
el funesto Dr. Felipe Larrazábal, i combina un plan de insurrec- 
ción que debia ejecutar en Valencia. Llega a este punto el 30 de 
abril, da la voz de aviso a sus pocos parciales i buscando un moti- 
vo para romper definitivamente con el jeneral Guzman Blanco, pre- 
tende imponer a este el cambio de los empleados de la Aduana de 



21 

Puerto-Cabello. Esta pretensión unida a otros flatos fidedignos 
qne sobre el plan de Salazar tenia el jeneral Gustnan, le hizo vo- 
lar a Valencia. La tempestad se aproximaba. 



Salazar no esperaba la llegada del Presidente de la República, i 
desconcertado con este acontecimiento, vuelve a ensayar el engaño 
i la perfidia: desiste de su pretensión sobre la Aduana : hace creer 
que irá a la campaña de Occidente : se desata en improperios contra 
los oligarcas : monta a caballo i visita los cuarteles : saluda a cada 
paso al jeneral Guzman : lo proclama como el mejor i mas estima- 
do de sus amigos : tiene con él grandes i largas conferencias : come 
a su lado : lo acompaña i adula i espide el 15 de mayo una procla- 
ma donde se leen estos conceptos : 

" Soldados ! — Vosotros me conocéis bien : yo soi el hombre del deber, 
porque soi también el hombre de la obediencia. Dos años hace que tomé las 
armas para reivindicar nuestros derechos ultrajados i saludar, lleno de júbilo 
i de fé en los destinos del porvenir, a mi ilustre amigo el jeneral Antonio 
Guzman Blanco : yo he sostenido su autoridad que es salvadora : he procla- 
mado su nombre como centro de unión i de concordia, i siento la necesidad 
de arrancar una nueva victoria de manos de los enemigos, para ofrecérsela 
como un gaje de mis respetos i anhesion a las instituciones federales." 

Hé aquí la sagacidad, del torero i la careta con quo se cubre el 
rostro la deslealtad. 

Hemos llegado al 20 de mayo. Las sombras de la noche de San 
Bernardino, ocultan un gran crimen. 



En todo ol dia 20 de mayo hace Salazar al jeneral Guzman nue- 
vas i repetidas promesas que ratifica hasta en las primeras horas de 
la noche ; pero momentos después i cuando la ciudad do Valencia 
estaba entregada al reposo del sueño, levanta de sus respectivos 
cuarteles los cuerpos de tropa que puede seducir, cuyos jefes habia 
alejado con engaño, i toma con mil i pico de soldados el camino de 
Tinaquillo, declarándose en abierta rebelión contra el gobierno. 

El 2? Jefe del ejército nacional, el 2 o Designado de la República 
i ol Presidente de Carabobo se convierte en traidor : rompe sus tí- 
tulos a la consideración pública : burla la confianza de su Jefe i del 
pais : vuelve la espalda al partido que lo habia elevado i enrique- 
cido i se haca reo de lesa patria. Era mui natural que esta defec- 
ción produjese en el ánimo de todos, inclusive, el jeneral Guzman, 
sensación profunda. Los hechos que manchan la conciencia pue- 
den encontrar en el seno de la humanidad conmiseración i lástima, 
pero jamás aplauso. La virtud se revela contra ellos, la vergüenza 
los rechaza i la sociedad los castiga con su inexorable fallo, porque 
las sublevaciones contra las leyes del honor, constituyen la mas ne- 
gra i asquerosa mancha que puede afear al hombre. 



22 

Salazar no tenia ni escusa, ni motivo, ni siquiera pretesto para su 
falta. Habia disfrutado, mas que ninguno, del triunfo del 27 de 
abril : sus servicios babian sido recompensados con creces : sns ex- 
travíos perdonados : su familia atendida i engrandecida : su patri- 
monio formado. Puede decirse que Salazar, al lado del jeueral 
Guzman, no tuvo lo que no quiso tener. Glorias, honores, poder, 
distinciones, fortuna, tolerancia - hé aquí lo que poseia ; pero que- 
ría todavía mas - el mando absoluto ! Si él hubiera servido con 
lealtad i honradez a su causa i a su Jefe, de seguro que habria al- 
. canzado dignamente el logro de sus aspiraciones; pero olvidó que la 
filosofía i la prudencia están en esperar i se lanzó desatentado al 
campo de la infidencia para no recojer sino abundante cosecha de 
desengaños. 

Salazar llegó a Tinaquillo ; i no encontrando' en las tropas que 
conducía sino descontento i desagrado : notando que los vecindarios 
no le eran adictos i que los soldados se le desertaban a cada paso, 
hasta el estremo de tener que acudir a fuertes providencias para 
conteuer la deserción, fusilando al Comandante Cortes : oyendo a 
muchos hombres sensatos que le motejaban su proceder ; i encon- 
trándose cada vez mas solo para su temeraiia i reprobable empresa, 
resuelve regresar a Valencia a implorar el perdón del jeneral Guz- 
man. Salazar para cohonestar su conducta dirijo a este el 22 una 
nota participándole que habia salido a recorrer varios puntos con 
las divisiones Carabobo i Cojédes, i que los habia encontrado en 
la mejor disposición i animados los vecindarios del deseo de sos- 
tener al gobierno i de contribuir a la paz. 

El jeneral Guzman sabia que Salazar habia colmado la medida 
de sus faltas ; pero queriendo hasta el fin ser magnánimo con el 
desleal amigo, lo perdona. Mas como Salazar habia perdido por 
sus propios hechos el prestijio de su autoridad i la dignidad civil i 
militar, se le dijo qne debía renunciar el cargo de segundo Jefe del 
ejército i alejarse por algún tiempo del país, yéndose a Europa a 
estudiar los gobiernos i las sociedades antiguas para que ganase en 
sabiduría i prudencia i pudiese mas tarde ser útil a su pais. Sala- 
zar renunció el mando del ejército por medio dn la siguiente nota : 
" Estados Unidos de Venezuela. — Ejército constitucional de la Fe- 
deración. — El 2? Jefe. — Cuartel jeneral en Valencia a 30 de Mayo 
de 1871. — Ciudadano jeneral Antonio Guzman Blanco, Presidente 
provisional de la República i jeneral en Jefe de los ejércitos — 
Cuando combatimos en 1870 contra la administración que usurpa- 
ra el poder dos años antes i ofreciames a los pueblos la redención 
inscrita en la bandera liberal, recibí, lleno de júbilo i de reconoci- 
miento, de manos do usted, el nombramiento de 2? Jefe del ejérci- 
to constitucional. Ese título que colmó mi ambición, me dio mas 
brio, mayor aliento contra nuestros enemigos, imponiéndome a la 
vez mas estrechos deberes para con usted i para con la patria. — Si 
el ejército, si los pueblos dicen que he llenado esos deberes, hasta 
donde mis cortas fuerzas alcanzan, viviré tranquilo i satisfecho. 
Pero en este momento en que mis facultades pueden aún emplearse 
en servicio del pais i de bus libres instituciones, hoi que veo salir 
las tropas que he mandado con tanta gloria para mi nombre, a com- 



23 

batir contra los últimos restos de una facción que. so obstina en em- 
papar la tierra en sangre i llenarla de escombros i de ruinas, me 
siento detenido por el brazo incontrastable de la Providencia i obli- 
gado a permanecer en esta ciudad a la cabecera de la cama de un 
ser adorado que sufre cruelmente con resignación, i tal vez se aleje 
de mis brazos para siempre. — Nunca, ciudadano jeneral, mi corazón 
se ha encontrado mas combatido que en estos instantes. Mi deseo 
mas ferviente es marchar a la cabeza de mis tropas, que tanto amo i 
a las que tanto debo ; pero mi cariño, la situación, el respeto que pro- 
feso a la persona que unió su suerte con la mia, i la cual ha sido 
en laa desgracias i visicitudes de mi vida el ánjel de mi consuelo, 
me encadenan i no me dejan otro arbitrio que el de acompañarla 
para prodigarla en sus dolores, la ternura i los cuidados de que es 
merecedora. — Por este motivo, i esperando mejor ocasión para ofre- 
cer a usted i a la patria mis servicios i la voluntad firme de ser útil, 
aún con el sacrificio de mi propia vida, renuncio el empleo de 2? 
Jefe del ejército, i confio en que, atento usted a la justísima'causa 
que para olio alego, se sirva admitirme dicha renuncia. — Aprove- 
cho esta oportunidad para anunciar a usted que he oficiado ya al 
primer Designado en el ejercicio del Poder en el Estado, previnién- 
dole que desde mañana me encargaré de la Presidencia, siendo es- 
te empleo mas compatible que el de 21 Jefe del ejército con mi si- 
tuación particular doméstica. — Dios i Federación. — (Firmado.)— 
Matías Solazar." 

Convino también Salazar en irse a Europa, pero exijió fondos 
para ello. El jeneral Guzíhai] le hizo dar veinte m>l pesos, pre- 
via la promesa formal quo le hizo Salazar de no volver al pais has- 
ta que no hubiera concluido, la guerra. Si fuésemos a relatar mi- 
nuciosamente los detalles de estos hechos, escribiriamos un libro. 
Esta es una historia de mentidas protestas, de falsos juramentos i 
do hipócritas lágrimas. Salazar llora, lamenta sub estravios, de- 
muestra arrepentimiento j reconoce la inmensidad de su culpa ; 
pero en el fondo de su alma oculta la malignidad de sus propósitos. 
El jeneral Guzman se vio muí contrariado. Por una parte sus ver- 
daderos i leales amigos i servidores le exijian el castigo de Salazar ; 
i por la otra este suplicaba en tono humildo i lastimoso. A los 
primeros dijo el jeneral Guzman : " yo bien comprendo hasta don- 
de llegan la magnitud i trascendencia del hecho que acaba de 
consumar Salazar, conozco que ha faltado a sus deberes como ma- 
jistrado, a sus obligaciones como amigo i a sus compromisos como 
liberal ; pero quiero hasta el fin apurar mi paciencia porque temo 
que, tratándose do un compañero, se me califique do severo i de 
cruel : prefiero recibir otro calificativo. Yo sé que tengo razón i 
poder suficientes para imponer al culpable un ejemplar castigo ; 
pero en los momentos difíciles porque atravieza el pais, no faltarían 
quienes diesen a mi conducta siniestras inf erpretacion.es, perjudicia- 
les a la paz pública que es el principal objelo da mis aspiraciones. 
Bolívar castigó a Piar i estuvo en su derecho, pero Bolívar fué te- 
Dido por precipitado, i sobre su vida gloriosa se proyecta todavía la 
sombra del ajusticiado el año de 1817. Esperamos. Ya yo estoi 
convencido, por lo que ha sido Saladar, de lo que será en lo futuro ; 



24 

i la Providencia, que no me abandona uu solo instante. La querido 
que yo colmo hasta la saciedad los deseos i las aspiraciones de oso 
hombre, que tolere sus abusos i hasta perdone sus mas grandes fal- 
tas, para presentarme algún dia la ocasión do castigarlo solemne- 
mente." 

Salazar salió de Valencia, acompañado del Dr. Larrázabal, i se 
embarcó en Puerto-Cabello pava los Estados Unidos del Norte, por 
la via San Thómas. 



Salazar no iba sino a llena:- una simple fórmula, pues antes de 
abandonar a Valencia compromete en privado a sus parciales para 
que atiendan a su primera ex.itu.eiou : eu público manifiesta que so 
debe sostener al jeueral Guzman : se regocija con las palabras se- 
ductoras que le dirije Larrazábal i marcha con la esperanza de rea- 
lizar mui pronto sus aspiraciones. 

El pais conoce al Dr. Larrazábal. Este hombre, que tiene eu la 
historia de su vida, pajinas bochornosas, mal avenido con el gobier- 
no apesar de que este le había dado emploos lucrativos i deseoso 
de alcanzar puestos mas elevados i fortuna sin trabajo, se une a Sa- 
lazar : ofrece acompañar a este al estranjero i dirijirlo con sus con- 
sejos por el camino de la rectitud : pido i obtiene diez mil pesos 
para su viaje; pero cumple sus juramentos con la lealtad de Judas, 
robusteciendo al infidente de la noche del 20 de mayo, en sus pro- 
pósitos de hacer traición al partido liberal i a su Jefe i de traer a 
Venezuela una guerra sin principios, sfn bandera lejítima i sin mas 
fines que ¡a elevación de un tristo aventurero. En Salazar i Larra- 
zábal están personificadas la deslcaltad i la ingratitud. 

Salazar i Larrazábal permanecieron mui pocos dias eu el Norte, 
viniéndose después a San Thómas i Curazao a maquinar contra el 
gobierno del jeneral Guzman Blanco. Desde esto último punto di- 
rije Salazar un manifiesto, redacción de Larrazábal, declarando que 
vendria al pais a hacer la guerra a la Dictadura i llamando proséli- 
tos para que lo acompañen en su empresa. Este documento es uu 
libelo infamatorio, escrito en lenguaje grosero i vulgar ; i si se 
atiende a la condición i antecedentes de la persona que lo dictaba i 
de la que lo autorizaba con su firma, no hai palabras suficientemen- 
te euéijicas para calificar aquel tejido de infamias i calumnias. Sa- 
lazar i Larrazábal lanzan contra el jeueral Guzman toda especie de 
denigrantes epítetos i hasta cometen la insensata ridiculez do poner 
a precio la persona del hombre que los había tratado con tauta mag- 
nanimidad i nobleza. Desde Curazao dirijeu aquollos aventureros 
exitaciones a algunos liberales i n muchos jefes oligarcas para que 
los ayuden i acompañen, terminando tan tristes i desaliñadas misi- 
vas cou el encargo de que en los campamentos i doude quiera que 
proclamasen, concluyosen con el grito : " Abajo el Dictador ! viva 
Matías Salazar !" EkU sola recomendación basta para comprender 
el alenguado propósito : llevar un pueblo a combatir i derramar su 



26 

sangre por un hombre, poro ¡ qué especie de hombre ! por un pef> 
sonaje que en la escena política Iiabia sido el protagonista do un 
largo i asqueroso drama. Hé aquí las cartas dirijidas por Salazai' 
a los oligarcas Manuel Herrera i Ceferino González : 

"Ciudadano jeneral Ceferino González. — Curazao, 23 de agosto de 1871. — 
Mi querido Ceferino : — Te remito mi retrato, imajen física mia; i te envió 
también un Manifiesto, que es la espresion de mi alma. — Léelo, tal vez no ta 
disgustará. — Es nn grito de guerra contra Guzman, i una voz de esperanza 
para la sociedad. Yo lo he hecho circular estensamente i ahora salgo a cum- 
plirlo. — He dicho al mundo que la Dictadura de Caracas es insoportable j i 
ahora salgo a derrocarla. Mis medidas están tomadas, i espero que los resul- 
tados justificarán el acierto de mis combinaciones. 

. "Al partir para Venezuela, he creído de mi deber escribirte esta3 líneas, i en- 
viarte el documento público de que dejo hecha mención. Sé que, en distintas 
veces, has victoreado mi nombre. Muchas gracias. Yo he visto esta demos- 
tración, como recuerdo cariñoso de tu parte, i te lo he correspondido. Con 
todos he hecho tu elojio, i a todos he dicho tus eminentes cualidades militares- 

"Tú debes creer que tu suerte no me es nunca indiferente, i en cualquier 
estado, el jeneral Ceferino González debe contar con que su mejor amigo 
i fiel COMPANERO es — ¡latías Salazar." 



"Señor jeneral Manuel Herrera. — Curazao, 23 de setiembre de 1871. — Es' 
timado jeneral : — Tengo el gusto de acompañar a usted un Manifiesto quo 
acabo de publicar en esta isla, i que es un grito de guerra contra Guzman, a 
la vez que una palabra de esperanza para nuestra pobre i diezmada sociedad. 
Yo lo he hecho circular estensamente, i ahora salgo a cumplirlo. He dicho al 
mundo que la Dictadura de Caracas es insufrible, i ahora salgo a derrocarla. 
Mis medidas están tomadas con prudencia, i yo espero que los resultados jus- 
tificarán el acierto de las combinaciones. 

"Al partir para Venezuela, he creído de mi deber hacer a usted estas letras í 
enviarle el documento público de que dejo hecha mención, para que, pesando 
mis intenciones en su consideración, no se limite usted solo a aplaudirlas, sino 
a corroborarlas, comunicándome lo que piense por el conducto que hará lle- 
gar seguramente a sus manos esta comunicación. 

"Varios amigos que comen en Curazao el pan amargo de la espatriacion 
han sido los mas esforzados en hacer circular mi Manifiesto, i están dispnes. 
tos a prestar su continjente i su cooperación para destruir la Dictadura i es- 
tablecer la República, tal como la aman nuestros pueblos con su buen sentí . 
do, i como puede ser sistema de paz, de progreso i de buena unión. 

"Acepte usted, estimable COMPANERO, las consideraciones muí distingui- 
das con que se suscribe de usted mui ateuto i obediente servidor — Matías 
Solazar." 

Todos los liberales, con solo la escepcion de unos cuantos sobrinos 
de Salazar i uno que otro tímido, contestaron a este rechazando 
con indignación sus proposiciones i, animada por un noble i levan- 
tado sentimiento, la jeneralidad de todos los pueblos de Venezuela 
protestó pública i solemnemente su adhesión al jeneral Guzman 
Blanco i el propósito de combatir al traidor si osaba poner los pies 
en territorio patrio. Esa protesta fué espléndida : es tal vez el 
voto mas autorizado que haya dado pueblo alguno. 3 



m . 

A principios del mes da setiembre de 1871 los sobrinos de Sala- 
zar, Vicente Fernández, Rito Antonio Vásquez i Antonio Marí.i 
Vásquez, se ponen en armas en el territorio que se encuentra en- 
tre Tinaquillo, Bnjuma i Nirgua: comienzan a reclutar soldados .1 
la fuerza i se ponen en contacto con los joles oligarcas Celerino 
González, Rejino Castillo i otros. La autoridad de Carabobo los 
persigue. En una pelea muere Antonio María'; pero entre male- 
zas i montanas se dispersan los salazaristas i se hace difícil su cap- 
tura. Mas tarde se unen a esta propaganda personal Luis FoÜpu 
García i Reveron i otros oficiales desconocidos, no pudiendo todos 
reunir en su mayor reconcentración sino trescientos i pico de hom- 
bres a lo mas. Mientras que Salazar, desde Curazao alienta a sus 
parciales, estos se convierten en ol azote de los vecindarios. 

Salazar temia, con fundamento, venir a las costas do Venezuela 
porque sus enviados i correspondencias caian constantemente en po- 
der de las vijilautes autoridades; i en esta virtud resuelvo irse a la 
Nueva Granada para invadir el país por la Cordillera, uniéndose a 
los oligarcas alzados en Trujillo i Táchira ; pero cuando llega a San 
José de Cuenta, se encuentra con que Pulgar, el héroe del Castillo 
Libertador, había, con un respetable ejército zuliano, destruido en 
absoluto aquella insurrección i restablecido por completo la autori- 
dad del jeneral. Guzman Blanco. Entonces Salazar varía de nim- 
bo, toma el camino del Arauca i va en solicitud d 1 apoyo de Olivo 
i Herrera, a quienes suponía dueños de Apure. Una nueva decep- 
ción esperaba al tenaz guerrillero, porque antes de llegar a territo- 
rio venezolano, sabe la toma de San Fernando por el jeneral Guz- 
man, la destrucción de todo el ejército oligarca en el paso real del rio 
Arauca i la muerte de Olivo en las aguas del mismo rio. Ni esto, 
ni el anterior fracaso desconciertan á Salazar i so dirije con Lean- 
dro Martínez i una parte do los mui contados que escaparon del de- 
sastro de Arauca, al Centro do la República, donde creia encontrar 
un grande ejército al mando de sus sobrinos ; i, como dispuesto por 
la Providencia, llega en momentos en que el jeneral Guzman Blan- 
co entraba a Carabobo con su crecido i victorioso ejército, a modia- 
dos de febrero de 1872. Salazar estaba irrevocablemente perdido. 
Cualquiera otro hombre de mediana sensatez habria renunciado a 
la guerra i abandonado el pais: pero él, cegado por la ambición, se 
imajina que con la escasa brigada de sus sobrinos, con los. pocos 
soldados al mando de los oligarcas Ceferino González, Félix María 
Moreno, José Gregorio Márquez, Rejino Castillo, etc., sin parque i 
sin opinión, puede vencer lus huestes formidables del gobierno i 
adueñarso de! pais. Estaba loco! 

El jeneral Guzman comprendió desde luego que no debía dejar 
tomar cuerpo a la intentona salazarista, i apenas se detiene en Va- 
lencia dos o tres dias, sigue a Caracas por Aragua con el fin do re- 
montar las caballerías, tomar infanterías de refresco i aumentar el 
equipo del ejército: regresa de Caracas a mediados de marzo, i el 
24 de este mismo mes, domingo de Ramos, marcha a la cabeza de 
mas de cuatro mil hombres a combatir al desleal : el mismo dia lle- 
ga a Tocuyito : comienza a desarrollar el plan de campana que de 
antemano había concertado : manda que 'las fuerzas del Yaracui a 



27 

las úrdenos del jen eral Colmenárez, la división Sarria i los cuerpos 
de los jefes Colina i Castro, avancen en combinación hacia los mon- 
tes del Salto, dondo Salazar se bailaba; Por una de esas continen- 
cias de la guerra, la división Sarria se adelantó i fué rechazada i 
destruida en parte por el enemigo. Entonces resolvió ol jeneral 
Guzman tra?ladar # su cuartel jeneral a Tinaquillo, punto mas estra- 
tifico para ¡as operacianes i mas inmediato a las guaridas de Sala- 
zar. De Tinaquillo son inva-didas estas en toda su esteusion, reco- 
rriendo los jer.erales Pulido, Quevedo, Bermúdez Cousin. Colmená- 
rez, Montagne, Ranjel, etc., los lugares de Naranjal, Encrucijadas, 
el Salto, Santa Bárbara i otros, reputados como campamentos fac- 
ciosos. Con tan activa persecución, Salazar i sus compañeros so 
dividen en guerrillas, evaden el combate, se ocultan entre los mon- 
tes i creen perpetuar la guerra i acabar con el cansancio i la fatiga 
¡as valerosas tropas del jeneral Guzman. 

La' habilidad de Sal azar no es fruto de ciencia alguna, es mas 
bien una movilidad orgánica, como la déla ardilla : sus movimientos 
militares no están basados en el cálculo, ni sometidos a las reglas 
del arto de la guerra. Salazar es mas bien hombre de resoluciones 
momentáneas que de reflexiones serias : con un adversario torpe 
hace proezas : con un enemigo imperito puede lucir alguna activi- 
dad. Pero tenia al frente al jeneral Guzman Blanco que es, bajo 
todos aspectos, una inteligencia superior i un guerrero que marca 
todos sus actos con el sello del buen suceso. El jeneral Guzman 
piensa, ejecuta, organiza, manda : vence los imposibles : supera las 
dificultades: acopia provisiones: crea recursos i los economiza: 
regulariza el servicio : marcha con orden : atiende a la vanguardia 
i a la retaguardia, al parque i la proveduría. Mientras que Salazar 
levanta trincheras en sus campamentos, que cree inexpugnables, pone 
celadas, lleva a sus filas por medio del terror a los inocentes cam- 
pesinos, pierdo las hijas de estos, fusila en una travesía a nn joven 
Ortega, comerciante honrado, i sueña destruir el ejército de la Re- 
pública, como destruyó Zamora en Santa Inés las, fuerzas de Ra- 
mos i Rubin ; el jeneral Guzman Blanco entra personalmente a la 
montaña al frente de una gran parte de sus tropas, dejando cubier- 
tos los puntos por donde puede salir Salazar. El 24 llega al alto 
de Viso, i con una previsión profética, anuncia aj gobierno : "que 
está al fíente del Encarbonado, el cual se halla en Potrerito con 
. Ccfcrino González, Moreno, Castillo i demás compañeros godos : 
que si el Encarbonado lo espera, será vencido : i que si evade el 
combate, buscando la via de Tinaquillo, será igualmente vencido 
en este punto por el jeneral Colina, a quien habia dejado allí con 
mil i ochocientos hombres." Sucedió lo segundo. Temeroso Salazar 
de medir gus armas con las del vencedor de Apuro, sale por cami- 
nos estraviados, llega con todas sus fuerzas a Tinaquillo i en la os- 
cura i lluviosa madrugada del 29, ataca de improviso a Colina. En 
los primoros momentos, el ataque fué una confusión i una verdadera 
carnicería : los combatientes se cruzan i se estrechan : por todas 
partes no se oye sino el estruendo do la fusilería i el rechinar de las 
armas blancas: Colina lucha cuerpo a cuerpo i recibe dos heridas : 
Salazar redobla sus esfuerzos por alcanzar la victoria i con ella po- 



28 

sesionarse de lo» cuantiosos elementos que encierra la plaza : el 
grito de los lidiadores se mezcla con los ayes de los heridos; aque- 
llo era horroroso. 

Al asomar los resplandores de la aurora, Colina i sus valientes 
compañeros liabiau obtenido un gran triunfo i Salazar huia preci- 
pitadamente, dejando en poder del vencedor un x:ampo regado con 
infinidad de muertos, heridos, armas, correspondencia, impedimenta 
i muchos prisioneros. Allí murieron los mejores jefes de Salazar, 
Rito Antonio Vásquez, Luis Felipe García i Reveron, Pinto i otros. 

Después de esta tremenda derrota, dice el jeneral Guzman al go- 
bierno : '* Esta campaña me parece que puede darse por terminada. 
Lo que falta para que Carabobo i Cojédes queden perfectamente 
tranquilizados, es cuestión para este ejército, en activa i acreditada 
persecución, de unos pocos dias. Vencida como quedó la oligar- 
quía soez en Apure, esta correría del Encarbonaio habia de presen- 
társenos mas o menos tarde, i es preferible que, errando su oportu- 
nidad, nos haya puesto en el caso de resolverla cuándo i cómo se ha 
resuelto." La persecución se hace cada vez mas activa ; cuerpos 
de tropa invaden por distintos puntos aquellos escarpados montes : 
hasta el litoral, desde Sabanas Altas hasta San Juan, se manda cru- 
zar de guerrillas ; ya reciben un aviso los perseguidores, ya toman 
prisioneros i bestias : Ranjel toma el cauce i ambas márjenes de 
Oruje : Pulido, Montagne, Colmenárez, etc., cierran toda salida ; i 
en la mañana del 10 de mayo, Matías Salazar, que iba abriendo pi- 
cas acompañado de unos pocos, cae prisionero en poder de una de 
las guerrillas del jeneral Ranjel en el mismo lugar donde dias an- 
tes habia fusilado al joven Ortega. Allí estaba derramada, fresca 
aún i clamando venganza, la sangre de la inocente víctima! 



En la tarde del mismo dia 10, fué conducido Salazar a Tinaqui- 
11o, asiento del cuartel jeneral. Los jefes, oficiales i soldados de 
aquel ejército de mas de cinco mil hombres daban Víctores a la paz, 
al gobierno i al jeneral Guzman i pedían con insistencia el enjuicia- 
miento i castigo del prisionero. El 14 recibe el jeneral Guzman 
una solicitud suscrita por todos los jefes i oficiales, formulando el 
pedimento, i reclamando la aplicación de las penas de degradación 
i mnerte ; cuya solicitud dio márjen a una orden jeneral donde ma- 
nifestaba el Jefe de la república : que aquella representación la 
tomaría como el voto de sus subalternos i no como una imposición: 
que Salazar seria juzgado, i conocerían de ese juicio los jenerales 
en jefe. Estos fueron convocados, i reunidos veintidós que habia 
presentes, constituyeron el Gran Tribunal el 15. Salazar fué lleva- 
do a presencia de sus jueces quienes le hicieron todos los graves car- 
gos que sujeria su conducta, sin que pudiese.contestarlos : él mismo 
se confesó culpable. Las deliberaciones del Gran Tribunal duraron 
nueve horas i media, al cabo de las cuales se dictó sentencia. Sa- 
lazar habia sido condenado a degradación i muerte. 



• 29 

El tremendo fallo futí cumplido a las doce del dia 17 de mayo, 
en Jas afueras del pneblo de Tinaquillo i en presencia de un ejérci- 
to demás de cinco mil hombres. 

No liemos querido de exprofeso relatar las últimas horas de la 
vida del suplicado. No interesa a la sensatez de la historia el co- 
nocimiento de esos terribles momentos en que lentamente va desa- 
pareciendo la esperanza de un hombre. En la historia debe cons- 
tar por qué se levanta un cadalso i no cómo se perece en él. De- 
jemos envueltas entre las sombras de la muerte las acciones, las in- 
gratitudes, las deslealtades i las agonías de Salazar : sus propios 
hechos lo llevaron a un trájico i doloroso fin, realizándose aquel 
irrevocable principio de que el hombre muere como vive. 



Hé aquí las actas del Gran Tribunal de oficiales jenorales. 



• Ciudadano jeneeal Guzman Blanco. 

El Partido Liberal de Venezuela, que lo constituyen mas de las 
tres cuartas partes de los venezolanos, os reconoció como Jefe de la 
Gran Revolución que en pocos dias se abrió campo desde las costas 
de Coro hasta las empinadas cumbres del Avila, flameando allí 
vencedora la bandera de la Federación. 

Pero aquel espléndido triunfo no fué decisivo. Era necesario se- 
guir combatiendo, i se siguió combatiendo contra una minoría dis- 
puesta a todo jénero de crímenes antes que someterse a la voluntad 
de la Nación, alentada también por la infidencia, por la traición 
que desde entonces empezó a descubrirse en algunos de nuestros 
jefes de importancia, i síd lo cual, impotente, habria tenido que 
caer postrada a los pies de nuestro ejército. 

Ese Jefe desleal ; ese traidor que cambiaba sus agasajos con los 
de nuestros enemigos, i en estrechos abrazos con ellos juraba la caí- 
da de nuestro gobierno i el esterminio de todo el Partido Liberal 
era el jeneral Matías Salazar, cuya desatentada ambición no estaba 
satisfecha con la Segunda Jefetura del Ejército de la República, 
con el mando absoluto que entraba a ejercer en el Estado Carabo- 
bo, i con todas las consideraciones, con todos los honores que se le 
tributaban hasta con olvido de la antigüedad, i de sacrificios i ser- 
vicios mayores en algunos de nuestros jefes, que desinteresadamen- 
te decididos por la causa Liberal, se ponían bajo las órdenes del 
traidor, sin apercibirse de su traición, porque un delito tan horrible 
era inconcebible. De aquí resultó la prolongación de la guerra, i 
de esta el luto de muchas familias, las lágrimas i la miseria de mul- 
titud de huérfanos, los desastres i el espanto por todas partes ; por- 
que cuando la República con los esfuerzos unánimes del Partido 
Liberal debió entrar de lleno en el réjimen de la paz, de la consti- 



30 

tucion i de las Leyes, el jeneral Salazar, no contento aún con babor 
sido elevado por la Asamblea 'de Plenipotenciarios reunidos en Va- 
lencia, a la Segunda Designatura rie la Nación, ni con el dosórden 
i las inmoralidades a que como Secundo Jcfo del ejército tuvo so- 
metidos a Carabobo i a los Estados de Occidente, enriqueciéndose 
por medio do las mas violentas expropiaciones i subordinándolo to- 
do a sus malas pasiones, a sus instintos feroces, se alzó en Valencia 
con las fuerzas que se hallaban a sus órdenes, engañándolas para 
que pudieran seguirle ; i como descubierto el engaño todos habían 
de abandonarle, no le quedó otro partido que entenderse con vos, i 
le perdonasteis, contra la opinión de la jeueralidad que estaba pro- 
nunciada por un castigo ejemplar. 

■ Confesamos hoi que hicisteis bien entonces. Vuestra palabra do 
darlo garantías en su vida i en sus intereses todos, estaba empeñada 
a nombre de la Nación, i era ademas vuestro debpr como Jeto do la 
Revolución Liberal evitar conflictos entro liberales, i sin duda algu* 
na podía haberlos entro aquellos quo ilusos creyesen en la buena 
fé del traidor, i los que tenían el convencimiento de su criminali- 
dad. Hicisteis bien, porque aunque vos mismo estabais bien pene- 
trado do tanta abominación desde el triunfo de Caracas, quisisteis 
agotar todos los medios de atracción con un Jefe tan caracterizado 
para salvar el propio honor do nuestro partido, i para facilitar la- 
pacificación do la República, apartando les estorbos que so presen- 
taban en este camino. 

Por eso aceptasteis la espatriacion voluntaria del criminal con- 
cediéndole todo cuanto oxijió. Persistía él, no obstante, en sus 
propósitos, i apenas fuera del pais, se pone a mendigar la coopera- 
ción de nuestros enemigos, ratifica su alianza con ellos, i sale a bus- 
carlos por el Arauca i el Apuro, i encontrándoles destruidos, conti- 
núa con los pocos restos que lograron c¡ caparse, invado las monta- 
ñas de Carabobo i Yaracui, sitúa en ellas tiradores que nos maten 
al pasar, asesina a los que caen en su poder, como sucedió con el 
«preciable joven Manuel Ignacio Ortega, i so prepara de todos mo- 
dos a la carnicería humana, al incendio, a la desolación i a todos los 
males contra los que no le acompañen. 

Ese hombre, ciudadano jeneral, no tiene de hombre sino la figu- 
ra. Es una fiera que no tiene derecho a ninguna especie de garan- 
tía, i el ejército seria responsable de millares de víctimas, i de to- 
dos los desastres que podrían sobrevenirse, si después de aprisiona- 
da quedase en capacidad para mas tarde volver a sus guaridas a 
saciar su voracidad estableciendo su matanza de venezolanos. El 
ejército quo la ha aprisionado pide, pues, su castigo inmediato, im- 
poniéndoselo éste revolucionariamente por los jefes que al efecto 6C 
elijan. Pide, en una palabra, que en presencia de todo el ejército 
sea degradado i fusilado el jeneral Matías Salazar, como traidor a 
la causa liberal ; como enemigo implacable de todos los venezola- 
nos, como reo do abominables crímenes quo están fuera de la lei, 
por lo que no pueden estar comprendidos en la inviolabilidad do 
la vida der-bombro, porque os este un caso oscepcional en quo no 
se trata de un delito común aislado, ni do una revolución acaudilla- 
da por cualquiera de nuestros enemigos, sino de un traidor infame 



31 

que cou todos sus grados militares, con todas las riquezas, coa lo- 
dos los honores que ha recibido del Partido Liberal se pasa a aque- 
llos, no para hacer una guerra regular con observancia de los'prin- 
cipios del derecho de jentes, i moderada por los sentimientos de hu- 
manidad, sino para hacer uso contra nosotros de los medros mas in- 
nobles i mas bárbaros, hasta conseguir nuestro esterminio, como él 
mismo lo ha dicho en la circular que pasó al pisar las playas pa- 
trias, i que ha estado cumpliendo estrictamente, sin embargo de 
que, con muí raras escepciones, todo el Partid» Liberal se ha puesto 
de pié para condenarle i en ninguno do los Estados de la Union se 
ha correspondido por un solo liberal a ese grito de esterminio. 

Sobreponed, ciudadano jencral, las ¡deas del hombre de es'ado, a 
los sentimientos del corazón, i a las tradiciones dul Partido Liberal 
sobre clemencia i magnanimidad con los ve-ncidos, que bien pueden 
ejercerse con todos nuestros enemigos sin ninguna escepcion ; i sal- 
vad la República, salvad al Partido Liberal, salvad a los mismos 
que nos hacen la guerra, imponiendo la pena de muerte al traidor 
Matias Salazar. 

Tinaquillo, mayo 12 de 1872. 

. (Firmados.) — Jcneral M. Montañés. — Jencral Donato Rodr'guez. — 
JeneralJulian Churion — Jeneral Alejo Izquierdo — Jencral Tomas Vega. 
Jencral Elias A. Lozada — Jeneral Jesús Espinosa.— generales Juan M. 
Meira, Félix León, Francisco Cedeño, I. Silva Castillo, Ricardo H. 
Bello, Escolástico Rodríguez, II. DcigadUlo, 11. H. Grana, Pedro M. 
Duarte, Isabel Aguilar, Elijio Malpica, Evaristo Herrera. — Coroneles 
José I. Valbuena, Jaime Dalmau, Miguel Nieves, Gracia Montes, José 
Antonio Aponte, .Máximo Falcon, Dámaso Pimental, Tomas Lozano, 
Antonio L. Arana, Elijio González, Eujenio llamos, Juan D. S. Figue- 
redo, Juan B. Agrado, Juan Tovar, Leandro Alvarado, Ventura Cobo- 
redo^Pedro Gutiérrez, Félix Gómez, Encarnación Duarte, Juan S. Vi- 
llegas, Podro Correa, Juan F. Silva, M. Michelcna, Juan Patacón, Je- 
sús M. Hernández, Juan José Tambo. — ^Co nuuduntcs Bibiano Harnán- 
dez, Anastacio Pérez hijo, Evaristo Contrcras, Juan F. Muñoz, Ramón 
Laya, Juan Tomas González. José Jaspe, Meliton Melgado, Inocencio 
Correa, Miguel Masabé, Antonio Lara, Tomas Rivero, José Gómez, 
Carlos Barrios, Antonio Gamboa, Gorgonio Moreno, Cornelio Peoll, 
Florencio Ponte, Juan Román Molina, Ramón Rujas, Martin Tovar, 
Justo Bello, Juan José Aponte, Pablo Olaiza, José Al vare z. Francisco 
Carvajal, Francisco Linúrcz, Pascual Villegas, Faustino Guevara, Cos- 
me López, Diouicio Hormero, Felipe Macias, Pedro Colmenares 

Capitanes. — Ricardo Raquero, Eusebio Pérez, Andrés Mejia, Dámaso 
Renjiíb, Ignacio González, Casimiro González, Fermin Belisario, Feli- 
pe Rodríguez, Sabino Tarazón, Celestino Ponte, J. del Rosario Barreto, 
José de la Cruz Aponte, Martin Blanco, Andrés Baltazar, Pablo Matu- 
te, Manuel Diaz. Ramón Galindez, Antonio Párraga, Domingo Tabor- 
da, Juan D. Manrique, Mencio Bolívar, Desiderio Coche, Sinforiano 
Rívas, Norverto Salazar, Celestino Aponte, Román Villegas. Aureliano 
Hernández, Víctor Aponte, Vicente López, Pedro Carrillo, Paulino 
Tovar, Rafael Alvarez. Prudencio Piñaugo, José Martínez,. — Tenien- 
tes, Miguel Tovar, Francisco Rivero, Bonifacio Quero, Federico Gil, 
Juan É. Ruiz, Vicente Silva, Lúeas Ramos, Segundo López, Pablo 
Rojas, Evanjelista Chirivela, Marcelino Patacón, Bernardino Ma-ngani- 
11o, Francisco Herrera, F&ccuado Baldivez, Candelario Martínez, Félix 



32 

M.Móslo, Blas Estoves, Jesús M. Herrera, Felioiano Areita, Encarna- 
ción Garalcs, Donato Rojas, Juan Morillo, Asunción Maneiro, Juan lí. 
Linares, Patricio Idarga, Jesús Benítes, Inocencio Camacho, Calixto 
Hernández, Juan Guevara, Isaius Escalona, Felipe Tarazón, Juan L. 
Aponte, Jorje Aponte, Santiago Peraza, Juan Pérez, Gregorio Barrote, 
Jesús Ibarra, Leandro Camacaro — -Subtenientes, José D. Baloche, Pa- 
blo García, Cirilo Vera, Juan B. Flores. 

Jenerales - Eladio Lara, Leonardo Falcon, R. M. Vinas, J. M. Apar- 
cero. — Coroneles, Secundino Velis, Sótero Alvarado, Filomeno Várela, 
P. Quiñones, Carmen Sosa. — Comandantes, Irene Aular, Hermójenes 
Lima, Juan Francisco Tovar, J. F. Velis, Antonio Rivcro. — Capitanes, 
Pedro Piñango, Juan Mendoza, José Bastida, Lozano Corro, Carlos 
Rodríguez. — Teniente Roberto Quiros, Capitán Eleodoro Medina, Te- 
niente Eujenio Qropeza, Capitán Víctor Sira, Capitán Víctor Castaño- 
da, Teniente José Tomas Salcedo, Teniente Gregorio Flores, Toniento 
Manuel León, Teniente Albino Oropeza, Teniente Sótero Bran, Te- 
niente Rafael Oropeza, Teniente Agapito Merin, Jcneral Saturnino Ve- 
hísquez, Comandante Doroteo Tamayo, Comandante Manuel Crespo, 
Capitán F. Rivero, Coronel Juan Vicente Jiménez, Teniente Agustín 
Castillo, Teniente Mariano Ochoa, Coronel P. Vicente Ochoa, Coman- 
dante José L. López, Comandante José R. Obispo, Coronel J. M. Díaz. 

Jenerales - José R. Quintana. Fcrmin Udis, Juan Medina, Francisco 
J. Castés, Rejino Díaz, A. Pérez. — Coroneles, J. Iríarte, Ambrosio 
Muñoz, Florencio H. Moreno, Hilarión Silva, Evanjelista León, Eduar- 
do Rodríguez, Ramón Ojeda, Jenaro Bogado, Ramón Garrido, Juan Vi- 
cente Franco. — Comandantes, Pió Pacheco, Guadalupe Bórjes, Pablo 
Hernández, José R. González, Juan Jaspe, Cleto Rojas, Juan B. Mari- 
ño, Domingo Salas, Agapito Ovalles, José García, Eduvijis Alejo, Pe- 
dro Chacón, Gregorio Rodríguez, Agustin Lameda, Miguel Linares, 
Rafael Linares — Capitanes, Ramón Arraiz, Miguel Mendoza, Roso 
Castillo, Valentin Ezada, Lúeas Bórjes, Juan Manamá, Domingo Blan- 
co, Adrián Morales, Ceferino Martínez, José de las N. del Valle, Juan 
José Ramos, A. Espinosa. Francisco Yépcs, Prajedes Gafo. — Tenien- 
tes, Manuel Morales, Aniceto Rodríguez, Julián Planches, Pedro A. 
Liendo, Juan José Carruido, Juan Ojada, Sandalio Díaz, Bruno Artca- 
ga, Pedro Fernández, Francisco Aguirrc, Victoria Tovar, Francisco 
García, Fortunato Tórros, Críspulo Correa, Nemecio Guzman, Calixto 
Menoses. 

Jenerales - Juan Quevcdo, Nicauor Monasterios, Balbino Carrillo, 
Sebastian Castro Carballo, Juan C. Capote, Eulojio Méndez, José Oro- 
peza, Narciso Rívas, Norberto Suárez, Manuel Aquino, Narciso Ortiz. — 
Coroneles - Eleuterio Melendez, Juan Aquino, Soledad Medina, Rosa- 
rio Aquino, Pedro Machado, Julián González. — Comandante Rafael Ló- 
pez, Jral. Bonifacio Guarena, Jral. Vidal Rodríguez, Jral. Deogracia 
Ramos, Jral. Cecilio Romero, Cnel. Domingo Quintana, Cnel. Tomas 
López, Cnel. Leonardo Bierma, Cnel. Benito Sánchez, Cnel. Gerónimo 
Jaspe, Jral. J. M. Bermúdcz, Jral. Ramón Sambrano. — Coroneles, Je- 
sús Gutiérrez, Fedorico Ortega, Inocencio Crespo. — Comandantes, Ni- 
colás Armas, Catalino Blanco, Evaristo Hernández, Justo Pérez, Ra- 
món Molina Capitanes, Dámaso Blanco, Jesús M. Hernández, Lucio 

Nava, Genaro Ortega. — Cnel. Juan Francisco Rívas. — Comandantes, 
Víctor Granadino, Francisco Cordero, Jesús M. Ferrer, Eusebio Cas- 
tro, Carlos Olivo, Elias Molina, Pablo Pino, Francisco Bermúdez, Fran- 
cisco Lima, Juan Ameta, Mariano Viera, Agustin Cordovés, Luis Mar- 
cano, Eleuterio Escalona, Ignacio Machado, Juan Peraza, Nicomedcs 
Bergoíla, Tomas Delgado, José Camejo, Agapito Hernández. Juste Pc- 
reira, Juan Bautista Crespo, Jral. Fidel Renjifo. 



.33 

Jenerales - Raimundo M. Pérez, Luis M. Grana v .Andres Parada, J. 
Fermín Carreño, Isidro Lameda, Blas Matos, a ruego del jeneral J. del 
C. Alejos, por estar herido, Pantaleon Rodríguez, León Corao, Fran- 
cisco R. Rodríguez, Santiago Sánchez. — Coroneles, Juan I. Pérez, Ci- 
rilo González, Sinforoso Colmenares, Ignacio Díaz, Manuel Salina, 
Pantaleon Rodríguez. — Comandantes, Manuel Simanca, Froilan Osorio, 
Vicente Pacheco, Arístides Vega José B. Vega, Gerónimo Aguilar, 

Amador Vásquez. Bernardo Latiegui Capitanes, Nemecio Rojas, 

Ricardo Lovera, Justo Rijas, Simón Pérez, Ascención Rodríguez, Emi- 
lio Landaeta, Francisco Hernández, Eujenio Nieves, Marcos Colme- 
nares, José D. Lugo. Martin Mora, Agustín Mendoza. 

Jenerales- Julián A. Arroyo, Santos Nicolai, Miguel G. Abaez. Esta- 
nislao, Bermúdez, Amenodoro Mollejas, Vicente López. Sótero Hidalgo, 
Juan Pablo Mejías, Josus M. Rodríguez. — Coroneles. Elíseo Oliveros, 
Andrés Navarro, Miguel Colína, Pedro Arismendi Navarro. — Coman- 
dantes, Bernardino Crespo, Antonio Bermíídez. Jacinto Bello, Eusta- 
quio Pajes, Reyes Guillen, Lorenzo Rívas, Juan Bautista Escalona, 
Pastor Fernández, Sabas Rivero, Rafael Pérez, Juan de D. Tapia — 
Capitanes, Cruz Cordero. Ceforino Villanuova, Andrés Acosta, Leonar- 
do Olivo, Natividad Parra. Víctor Yaraure, Roso Rojas, Norberto He- 
rrera, Román Ménde'z, Diego Colmenares, Juan Hilario Pineda, Rafael 
Vivas, Ezequiel Travieso. Ambrocio Gallardo, Cayetano Tovar. — Te- 
nientes, Pablo Cuevas, Jesús Torres, Hermójenes Escalona, Lorenzo 
Méndez, Andrés Escovar, Marcelino Teran, JuanP. Caballero. — Sub- 
tenientes, Gerónimo Albaroní, Luis Escalona. Lorenzo Colmenares, 
Agustín Mendoza. — Tenientes, Juan Nieto, Daniel de J. Mendoza. Pe- 
dro Padilla, Anacleto Sinestro, Bartolo Lima, Simón Hernández, — Ca- 
pitán Francisco Romero. — Comandante Magdaleno Silva. — Subtenien- 
tes, Rafael Mosquera, Juan J. Züloaga. — Capitán Francisco Bolívar. 

Jenerales - M. Rodríguez, Toribío Silva. Aquilino Juáres, Simón A. 
Escovar, P. E. Matute, Ii. Escovar, Juan V. Pona, Rafael Villauuevn, 
J. A. Gadea, Esteban Monasterios, Miguel Oropeza, Nicobis Quero, J. 
T. Roldan, Eujenio Aldao, Pedro Hidalgo, Irene Peralta, Ignacio Col- 
menares, Domingo Mendoza, Pedro Queralos, Juan V. Colina, Ramón 
Sereno, Benedicto Rodríguez, Tiburcio García, Santiago Canencio. 
León Ferrer, Juan E. Bravo, Cipriano Laguna, Ruperto Brito. — Coro- 
neles, Julio Couput, Francisco E. Alvaroz, Cruz Leal, Agapito Osorio, 
Juan A. Pinero, Juan Macias, Baldomcro Falcon, Jesús M. Torres, 
Santana Montoya, Vicente Sosa, Jesús María Solórzano, Juan A. Ro- 
mero, Juan Escalona, José F. Reyes, José Antonio Rivero, Carlos 
Martínez, Juan Bautista Gallardo, Isidro Rivero. Santiago Torrellas, 
J. B. Pinero, Luis Zoré, Evaristo Lópoz, Emilio Rodríguez. Socundino 
Castillo. — Capitanes. Julián Castro, Juan Castro, Manuel Escalona, 
Francisco Rivero, Marcos Duiro, Demetrio Mendoza. Ulpiano Pérez, 
Valentín Mosquera. José A. Galindez, Candelario Garmcndia, Toribio 
Mosquera, José Cuello, Casimiro Medina, José A. Chaves, Cesáreo Pa- 
rra. Florentino Faneite, Silvestre Alegría, Isidro Guillen, Miguel Soti- 
11o, Eleuterio Camacho, Napoleón Agüero, Doroteo Nieto, Joaquín 
Molina, Gregorio Virgué, Tomas Vinche, Hipólito Hernández, Lean- 
dro Yépes, Eustaquio Colína, Ramón Gil, Luis Matié, Alejandro Va- 
lenzuela. Gregorio Mendoza. Podro Rivero, Doroteo Aivarez, Pedro 
Colmenares, Martin Guere, Cleofe Pérez, Pedro Rívas, Pió Fernández, 
Hermenejildo Mendoza, Hilario Paltran, Encarnación Alvarado, Marti- 
niano Rodríguez, Juan Herrera, Jesús M. Rodríguez, Juan Acosta, Ru- 
fo Bórjes, Obdulio Tovar. — Tenientes, Ventura González, Ruperto Isais, 
Eujenio Primero, Juan Guadarrama. Sabas Santander, Laureano Telle- 

•4 



34 

ría, Marcelo Ruiz, Luis Bracuo, Lorenzo Ruu, Asunción Colmenares, 
Domingo Cnrmona, Toribio Urbina, Carmen Guédes, Gregorio Gutié- 
rrez, Santiago Cadoviüa, Agustín Silva, Concepción Escalona. Leonar- 
do Torroalbn, Trinidad Chirino, Juan de laC. Mujica, Gumorcindo Sán- 
chez, Vicforio Avriecbi, Francisco Seqnirí, Sótero Mclendcz, Tomas 
Hernández, Crisanto Rosillo, Nicomedos Aguilar, Gabriel Gil, .loscj del 
C. Sánchez, Antonio Medina, Franciaco Colmenárez, Saturnino Colme- 
nares, Francisco Rodríguez, Manuel Querales, José R. León, Manuel 
Pérez, Lorenzo Camacaro. Ignacio Varguillas. Antonio Navas. Nomc- 
cio Lara, Juan de los R. Sánchez, Juan L Verde, Saturnino Jiménes, 
Crispino Bórjes, José del C. Montero, Gabriel Colina, Alberto Ortiz. — 
Subtenientes, Elias Carrasquero, Pedro Nolasco, Rimon Arias, Juan 
P. Jordán. Gualterio Colmenares, Juan Páez, Juan Za Cala, Nicolás 
Prcmot, Eusebio Chirino, Esteban Colina. 

Jral. Augusto Lutousky, Crnol. Ruperto Salas. — Comandantes. Feli- 
pe E. Mercado, Eujenio Martínez. — Capitanes, Jacobo Castro. Espíritu 
Santo Márquez, Benito Freytes. — Tenientes, Manuel Soto, Juan C. 
Landaeta, Luis Jiménez. — Subtenientes, Francisco Sánchez. José Oli- 
vero, Sebastian Dínz. — Crnel. Aniceto Lovera. — Comandantes, José 
Sánchez, Podro Santalí, Antonio Ramírez, Prudencio Villegas, Jesús 
M. Torres. Bibiano Vásquz, Nepomncono Aranguren, Cruz M. Muñoz, 
P. Regalado Alcon, Félix Montero. — Capitanes, Gregorio Díaz, Juan 
P. Páez. Juan Ibarra, Marcelino Martínez, Francisco Blanco, Jesús 
Maria Iztúrris, Juan Albc»to Villnnueva, Wenceslao Ceballos, José 
Martínez, Roso Corren, Ignacio Martínez. — Tenientos, Remijio Pinto, 
Tiburcio Tni-asonn, Nicomedos Herrera, Claudio Martínez, Octaviano 
Jiménez, Ignacio Martínez, Facundo Aqnin, José M. Sambrano, Gre- 
gorio Gárate, Domingo López, José del C. Palencia. 

Jenerales - Bernardino Mirabal, Inocencio Navas F., Crnel. Narciso 
Fuentos, Crnel. Tomas Morillo, Crnel. Jesús M. González, coroneles 
Carlos Castillo, Pedro Reyes, Santiago Marino. Pedro I. Villalba. — 
Comandantes, Luis F. Díaz, Modesto Bolívar, Ramón Silva. — Capita- 
nes, Francisco Godoi. Tiburcio Cordero. Ramón Reveron, Miguel Mal- 
pica. — Tenientes, Luis Mendoza, Hermcnejildo González, Pedro Correa, 
Fermín Laj'a, Ambrosio Villamediana. 

Jenerales - S. Jurado. M. Gallegos Montbrum, Pnscacio Kei, J. 
García Rodríguez. — Coroneles, Roberto B. Ibarra, R. Sarria, Isidoro 
Wiedeman. Casimiro Kei. — Comandantes, G. Teran. Manuel A. Petit. 
Jorje Espluga, Víctor Torres, Pilar Meno'ses, Juan González, Rafael 
Rodríguez, Nicolás Roques, Juan Hernández, Juan Rodríguez. — Capi- 
tanes, Agustin Agudo, Antoiino Jaime, Ricardo Rodríguez, Ijinio Alo- 
lina. Martin Nanoy, J. Francisco Fernández, Candelario Barotto. San- 
tos Hermoso, Julián Napoleón Cótis, Gracia Fignera, Pedro Marifio. 
Carlos Hernández, Epifnnio Urbaes, Manuel Lciba, Jiuin J. García, 
Francisco "Santana. Antonio Alvarado. — Comandantes, José del C. Su- 
moza, Andrés Castro, Matías Querales, G. Rosado, Evangelista Rojas, 
José Anjel Chirinos, Agustin Camacho, Isidro Rodríguez, Aurelio Gon- 
zález, Nicolás Guasamacaro. 

Jenerales - Ramón Eívas, P. Tinoco Puroz, Silverio Mendoza, Igna- 
cio Paredes, Venancio Rodríguez. — Coroneles, Ulises Marturell, Trini- 
dad Menágas. Ramón Martínez, Ceferino S. Martínez, Manuel Ramos, 
Prajedes Cardosa, Nicolás Ranjel, León Mendoza, Nemocio Palacios, 
Doroteo Aguilar, Justo Díaz, Estanislao Guedez, Carlos Martínez, Fran- 
cisco V. García, Manuel M. Rodríguez. — Comandantes, Juan B. Gallar- 
do Várela, Antonio Pérez, Lisandro Martínez. José D. Ángulo, Domin- 
go F enseca, Gualterio León, Pnulo R. Toisien. Adolfo Cabrera, Eze- 



35 

quiel Arraiz, José do los S. Jiménez, Pascual Viera, Lúeas Ojoda, Ma- 
nad Salaarria, Jesús M. García, Apolinario Rodríguez, Ascención 
Jiménez, José M. Marino, Leoncio Pérez, Pedro Acosta, JuanCarreño, 
Pablo Puerta, Ricardo Castillo, Prudencio Aparicio. — Tenientes, F. 
M. Room, Amenodoro Guillo,- Víctor M. García, Víctor Otayo, José 
D. Guairumo, Felipe Montilla, Jacinto González, Rosendo Yépes, An- 
jel M. Ramos, Pedro Olivero, Juan Morales, Reyes Pachano, Rodulfo 
Sandoval, Esteban Ruiz, Galo Moreno. — Subtenientrs, Jenaro Pereira, 
Dionicio Yánes, Joaquín Ferrer, José J. Hurtado, Miguel Sosa, Pedro 
Mosquera, Roberto Leal, Autolino Guevara, Vicente Alvarez, Antonio 
Torres, Gualberto Ojfida, Ramón Quintero, Alejandro Gámes, Amoroso 
Molina, Pedro Cortés, Manuel Hurtado, Felipe Torrealba, Juan Silva, 
Octaviano Hidalgo-, H. Gallegos, Manuel Taborda, Manuel Torrealba, 
Modesto Alvarado, Andrés Díaz, Juan de J. Madriz. — Tenientes, Ildo- 
fonso Rodríguez, Isidro González, Melchor Ortega, Sótero Quiñones, 
Raimundo Molina, Xemecio Navarro. — Coronelas, A. J. Vallenilla, J. 
N. Raffetti, E. V. Valarino. 

Jenerales- M. W. Alvarez, J. G. Mora, J. Laxa, J. M. García Gómez, 
Antonio Echeto, Federico Uslar, Julián Fagundes. — Comandante 
Felipe Rodríguez — Coroneles, Pedro García, Pedro Araque. 

Jenerales - S. Delfino, José A. Hurtado, E. Limas. — Coroneles, R. 
Hurtado, Francisco Pimentel, hijo. 

Jenerales - Antonio Arvelo, José M. Linares, Felipe Machado, Fer- 
mín Soto. — Comandante Jacobo A. Chirino. 

Jenerales - Adolfo Palacios, Rafael Aldrei, Pedro Sierra, Lorenzo 
Palmero, Francisco Cumare. — Coronel Carlos Silverio. 

Jenerales - Manuel M. Viñas. A. Marott, Juan P. Landaeta, Juan 
B. García de León, Francisco Guerrero, Ramón M. Hurtado, José A. 
López. — Comandante Fernando Yépes, Jrul. Juan Bruno Veloz. Crnel. 
Leandro Mancebo. 

Jenerales - José A. Zapata. Manuel A. Pineda, Pedro Campbell, 
Luis M. García, B. Almarza, Femando Pacheco, Tomas G. Ugueto, 
Pedro López, Dámaso Márquez. Juan de la R. Martínez, Blas Herrera, 
Juan C. Loreto. — Coronel José Doroteo Osorio. — Comandantes, Rafael 
Benavides, Juan S. Mosquera, Abelardo Melendes, Juan Caballero, 
Blas Hernández, Gregorio Gamarra, Miguel Escalonu, Raimundo Gó- 
mez, Ramón Molina, Rito Izquiel, José J. Martínoz, Lucio Montiel. — 
Capitanes, Inés Marrero, Ramón Mosquera, José Ochoa, Ignacio Ló- 
pez, Pedro Rodríguez, Pedro Blanco, Manuel Camilo. — Tenientes, 
Victorio Rojas, Francisco Polanco, Francisco Fuentes, Hilario Pineda, 
Pablo Escalona, José A. Montiel, Félix Vargas, Bartolo Silva. 

Jenerales - A. Hidalgo, Juan Uslar, Casimiro Martínez, Luis E. Ca- 
ballero, Jesús M. Arvelo. Alejandro Gaicano, Victorio Mercado, Isido- 
ro Morillo, Ignacio Polanco, Francisco Olivo, Conidio A. Sánchez, 
Marcos Aguilar, Wenceslao Hidalgo — Coroneles, Juan R. Campos, Po- 
linario Aguilar, Julián Ruiz, Gil Olivero, Jacinto Rojas, Saturnino 
Montilla, Encarnación Rodríguez, C. Núflez. — Comandantes, L. M. Ba- 
quero, H. Sambrano, G. Rojas, J. L. Lovera, Francisco Cardoza, E. 
Arostegui, R. Pérez, S. Basano, D. Auterio, C. Parada. — Capitanes, 
J. Hurtado, J. Rios, J. I. Bitriago. José del C. Gómez, J. A. Pinto, F. 
Amador, N. Moreno, R. Ibarra, José del C. Rodríguez, D. Blanco. — 
Tenientes, Jesús M. Salcedo, J. A. Silva, D. Ponte, J. Flores, E. Qui- 
ñones, M. Bermúdoz, S. Páez, Espíritu Blanco, Prajcdes Pérez. 



36 

ORDEN JENERAL PARA HOI 14 DE MAYO DE 1872 EN TINAQUILLO. 

El ciudadano jeneral Presidentes de la Repúbüaa en campaña, ba 
dispuesto dirijirse al ejército en los términos siguientes: 

Art. I o He visto la manifestación que, suscrita por todos los je- 
fes i oficiales del ejército, se me ha dirijido, pidiendo el juicio i cas- 
tigo del jeneral Matias Salazar como traidor a la causa i ejércitos 
liberales ; llevando la exaltación hasta el grado de designarse la 
pena que debo yo imponerle. Yo estimo esta exaltación como el 
arranque del celo patriótico que os anima, e hijo sin duda del per- 
fecto derecho que habéis conquistado en la magna obra do restituir 
a la Naeion los fueros que una minoría insensata quisiera arrebatar- 
la; pero de ninguna manera como una imposición, que vendría a 
desmentir lo que hasta ahora ha constituido mi mayor orgullo, vién- 
doos sufridos hasta el heroismo, i obedientes hasta poder decir que 
no he tenido que pasar por la pena de aplicar un solo castigo por 
faltas de subordinación. No creo tampoco que deba dejarse a mi 
solo juicio la consideración de un asunto tan gravo i de consecuen- 
cias tan trascendentales .para el pais.' 

Calma, pues, i estad seguros de que vuestros sufrimientos, vues- 
tros sacrificios, i vuestra sangre, tan jenerosamente derramada, no 
han sido estériles para constituir en nuestra patria un orden de hon- 
ra i justicia, en el cual quedarán vinculados de una manera sólida 
sus grandes destinos. 

Art. 2 o Servicio 

(Firmado) — Josk Ignacio Pulido. 
Es copia — El Ayudante — (Firmado) — Adolfo Palacios. 



ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA. 

Ejército Constitucional de la 'Federación. — Número 32. — Cuartel 
jeneral en Tinaquillo a 14 de mayo de 1872. — Año 9 o de la Lei 
¿14 de la Federación. 

Ciudadanos jeucrales José Ignacio Pulido, Ministro de Guerra, i León Colina 
Jefe de Estado Mayor Jeneral. 

Los jefes i oficiales del ejército me piden el enjuiciamiento i cas- 
tigo del jeneral Matias Salazar, i como por otra parte los problemas 
que su defección entraría ante la moralidad i la paz futura de la 
República, no puedo resolverlos sino en el concurso de los hombres 
que vienen compartiendo conmigo las responsabilidades de la Revo- 
lución de abril, he resuelto que procedan ustedes a convocar todos 
los jenerales en jefe presentes hoi en el cuartel jeneral, para que 
constituidos en Gran Tribunal, conozcan i decidan cansa tan es- 
traordinaria como trascendental. 



37 

Acompaño a ustedes la representación firmada por todos ios jetVs 
i oficiales del ejército, i mi Orden jeneral del dia de hoi. Aquella 
no debe ser vista por el Tribunal, sino como uu simple denuncio o 
acusación. 

Sentenciado que sea el acusado, debo eerme remitido el proceso 
para mi definitiva determinación. 

Dios i Federación — (Firmado) — Guzman Blanco. 



ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA. 

^Ejército Constitucional de la Federación. — Número 33. — Cuartel 
jeneral en Tinaquillo a 15 de mayo de 1872. — Año 9? de la Lei 
i 14 de la Federación. 

Ciudadanos jenerales José Ignacio Pulido, Ministro de Guerra, i León Coli- 
na, Jefe de Estado Mayor Jeneral. 

Criando fué aprehendido el jeneral Mntias Salazar, se lo encon- 
traron los documentos siguientes : 

Número 1? — Vale otorgado a su favor por Penho, Henriquez i 
C a , fechado en Curazao a 1? de noviembre de 1871, por la suma de 
diez mil seiscientos florines. 

2? — Valo otorgado a su favor por S. E. L. Maduro, fechado en 
Curazao el S de noviembre de 1871, por la suma de diez mil seis- 
cientos florines. 

3? — Id. id. id. por C- A. Díaz i L. M. Diaz, fechado en Curazao 
el 11 de noviembre de 1S71, por mil doscientos cincuenta pesos. 

4 o — Id. id. id. por J. A. Jesurum i Zoon, fechado en Curazao el 
1? de noviembre, por doscientas morocotas. 

5? — Id. id. id. por P. Bermúdez Cousin i Lermit La Roche, fe- 
chado en Puerto-Cabello el 3 de junio de 1871, por mil quinientos 
pesos. 

6? — Contrato con Ramón Carrera sobre compra de cincuenta no- 
villas celebrado en Arauca el 29 de enero del presente año. 

7° — Carta de Felipe Larrazábal fechada en Santa Marta el 15 
de noviembre de 1871, de la cual se deduce que ette tiene en su 
poder fondos del jeneral Matías Salazar. 

Creo que no debo retener en mi poder esas obligaciones desde 
que hai ya constituido un Tribunal para conocer de la causa del je- 
neral Matías Salazar a quien pertenecen, i en consecuencia las re- 
mito a ustedes junto con una cartera en que aparecen algunos apun- 
tamientos concernientes a los intereses privados del prisionero, los 
cuales coinciden en un todo con los documentos indicados. 

Dios i Federación — (Firmado) — Guzman Blanco. 



38 

ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA. 

Cuartel jeneral en TinaquMo a 15 de mayo lS7'2.—Año 9°. de ¡a 
Lei i 14 de la Federación. 

En este cuartel jeneral de Tin.iquillo, a quince de mayo de mil 
ochocientos setenta i dos, i siendo las dos de la tarde, se reunieron 
bajo la presidencia de los ciudadanos jenerales en jefe, José Igna- 
cio Pulido, Ministro de Guerra i Marina oo campaña, i León Colina, 
Jefe de Estado Mayor Jeneral, los jenerales en jefe, Julián Cas- 
tro, Juan Bautista García, Venancio Pulgar, Francisco Linares Al- 
cáutara, Miguel Gil, Rafael Petit, Je6us María Lugo, Escolástico 
Naranjo, E. J. Elínter, José María Aurrecoechea, llamón M. Oiáa, 
Juan Antonio Machado, Juan Eusebio Colmenárez, Eermiu Mou- 
tague, Miguel Antonio Rojas, Narciso Raujel, Gabino Isaguirre, 
José Tomas Valles, Manuel González, Antolino Lugo i Pedro Ber- 
múdez Cousin, convocados para constituir el Gran Tribunal que 
debe decidir en la causa estraordinaria i trascendental del jeneral 
Matias Salazar, seguti lo acordado en nota de ayer por el ciudadano 
jeneral Presidente provisional de la República eu campaña. Elejido 
Secretario el ciudadano jeneral Pedro Bermúdez Cousin, se decla- 
ró desdo luego instalado el Tribunal i se procedió a dar lectura a 
una petición firmada por los jenoiales, jefes i oficiales del ejército 
para el castigo del jeneral Matias Salazar con la degradación i la 
pena de muerte : a la orden jeneral del dia relativa a dicha peti- 
ción ; i a un oficio del ciudadano jeneral Guzman Blanco, Presi- 
dente en campaña, remitiendo algunos documentos de interés pri- 
vado, pertenecientes al jeneral Matias Salazar, i que se encontra- 
ron en su poder en el acto de su aprehensión, los cuales son los si- 
guientes: - Un valo otorgado por Peuho, Henríqucz i 0? en Cura- 
zao a 1? de noviembre de 1171, por la suma do diez mil seiscientos 
florines. — Un vale firmado en Curazao por S. E. L. Maduro el 3 de 
noviembre do 1871, por la suma do diez mil seiscientos florines. — 
Una obligación otorgada en Curazao por Carlos Alberto Díaz i Luis 
María Díaz el 11 de noviembre de 1871, por mil doscientos cincuen- 
ta pesos. — Un vale firmado en Curazao por J. A. Jesurum i Zoon 
el 1° de noviembre de 1871, por doscientas morocotas. — Un vale 
firmado en Puerto-Cabello el 3 de junio do 1S71 por Pedro Bermú- 
dez Cousin i Lermit La Roche por mil quinientos pesos. — Un con- 
trato con Ramón Carrera sobre compra de cincuenta novillas, cele- 
brado en Arauca el 29 de enero del presente ano. — Una carta de 
Felipe Larrazábal fechada en Santa Marta el 15 de noviembre do 
1871, i de la cual se deduce que tiene en su poder fondos del jene- 
ral Matias Salazar. Después de esto se acordó por unanimidad dar 
audiencia al jeneral Matias Salazar para que esplicase su conducta 
política i diese todas las razones conducentes al mayor esclareci- 
miento de los hechos, i en efecto se le hizo comparecer libre de pri- 
siones, i manifestándosele por los ciudadanos jenerales Presidentes, 
que podia con toda libertad esponer los motivos que ha tenido para 
hacer la guerra a la causa liberal i al gobierno existente, aliándose 
con sus enemigos después de la batalla de Caracas el 27 de abril 
de 1870, cuando figuraba eu las filas fodcrales como uno de los pri- 



39 

raeros jefes, dijo : - que halagado por un amigo, i eicyendo que el 
Partido Libera! le seguiría, vino a Venezuela a hacer la guerra, po- 
ro que no encontró sino doscientos liberales que le proclamasen, i se 
unió con Ceferino González i Rejino Castillo : que apesar de que 
sus fonrzas se aumentaron con el combata dpi " Salto," los mismos 
liberales que le acompañaban s<? le iban, i la tropa toda se le dis- 
minuía considerablemente, por lo que trató de probar fortuna, dan- 
do dos batallas pira regresar a Arauca en unión de sus sobrinos en 
el caso de perderlas, o para seguir la guerra si las ganaba. Esci- 
tado el reo a dar explicaciones sobre sus relaciones i compromisos 
con la minoría vencida inmediatamente después del triunfo de Ca- 
racas, i cuando aun no habia terminado la guerra, proviniendo de 
ahí su alzamiento con el ejército de su mando en Valencia el 20 de 
mayo del año próximo pasado casi al frotite del enemigo, i no obs- 
tante tener el triple carácter do 2° Jefe del ejército, 2° Designado 
de la República i Presiónate, de Carabobo - dijo : qne él no tuvo 
compromisos con los enemigos inmediatamente despups del triunfo 
de la revolución en Caracas ; i en cuanto al alzamiento de Valen- 
cia se confesó mni culpable, espresándose así: "Realmente en ose 
alzamiento, como en todo lo deman que después ha ocurrido, he de- 
linquido contra el partido liberal i contra el jeneral Guzman Blanco 
a quien debo mucho, por lo cual acepto cualquier castigo qne se 
me imponga por mas fuerte que sea." — Los ciudadanos Presiden- 
tes pidieron también esplicaciones al jeneral Salazar sobre so Balida 
voluntaria del pais bajo los ma« solomnes compromisos i juramentos 
con el gobierno nacional que lo facilitó todos los recursos que exi- 
jiú para llevar a cabo aquella : compromisos i juramentos que él 
nunca tuvo ánimo de cumplir, porque tan luego como se ausentó de 
Venezuela formó alianza con los enemigos del gobierno, aparecien- 
do con algnnos de estos en la frontera del Táchira a incorporarse a 
los que se hallaban en armas en Trujillo, i que felizmente acababan 
de ser vencidos por el jeneral Pulgar, por lo que siguió entonces a 
reunirse con los que estaban por el Apure, i habiéndoles hallado 
también derrotados por el gran ejército nacional a las órdenes del 
jeneral Guzman Blanco, recojió los últimos restos para invadir, co- 
mo invadió con ellos a los Estados del Portuguesa, Yaracui i Cara- 
bobo. A esto contestó el jeneral Salazar ser cierto haber seguido 
ese itinerario en unión de algunos enemigos del partido liberal que 
quisieron acompañarle en el plan de seguir haciendo la guerra. Se 
le exijió por los ciudadanos Presidentes que espresase las cansas 
que habia tenido para fusilar en las montañas de " Potreritos " al 
joven Manuel Ignacio Ortega. De este hecho se descargó impu- 
tándolo a su Jefe de Estado Mayor, Luis Felipe García i Reveron, 
porque él no se hallaba en el lugar, i cuando llegó i se impuso de 
la muerte dada a Manuel Ignacio Ortega la desaprobó, no obstante 
que García i Reveron se escusó con la circunstancia de haber sido 
la víctima un e6pia. Como el jeneral Matias Salazar, para desva- 
necer o atenuar por lo menos el cargo de traición que se le hace, 
manifestase que él habia renunciado la 2 a Jefetura del ejército, re- 
nnncia que le habia sido aceptada por el ciudadano jeneral Guzman 
Blanco, el ciudadano jeneral Venancio Pulgar lo llamó la atención 



40 

sobre la 2 a Dosignatura do la República, para cuyo elevado puesto 
habia sido elejido por la Asamblea de, Plenipotenciarios reunida en 
Valencia, inquiriendo del reo si también habia -renunciado ese ho- 
norífico i alto empleo nacional, a lo quo contestó el jenoral Salazar 
que no lo habia renunciado, habiendo conservado por consiguiente 
ese carácter. Escitado por último a manifestar cnanto creyese 
conveniente para su justificación, dijo : que el doctor Folipe Larra- 
zábal era quien lo hnbia perdido, porque le croia i le oía todo, pare- 
ciéndole un hombre intelijento i un gran orador: que por eso, ha- 
biendo resuelto irse a vivir a Nueva Granada, i no desembarcar en 
Venezuela en son de guerra, Larrazábal le habia hecho lanzar, di- 
ciéndole que tres amigos le ofrecían un gran parque para que vi- 
niese a hacer la guerra a la Dictadura Guzman Blanco; i respecto 
a los enemigos do la causa liberal, dijo quo habin sorprendido una 
carta de José Leandro Martínez a Ceferino González recomendán- 
dole la necesidad que habia por ahora de reconocerle como Jefe, 
esto es a Salazar, a reserva de salir de él mas tarde, lo que ya le 
habia hecho conocer la mala fé con que procedían. Después 
de haber hecho el jeneral Salazar todas las esplicaciones que quiso, 
i que se hacen constar en esta acta, los ciudadanos jenerales Presi- 
dentes le preguntaron si los documentos de que so ha hecho rela- 
ción son todos los .que sobre sus intereses particulares tenia en su 
poder cuando fué aprehendido, o si faltaba alguno; a lo que dijo, 
qne estaban completos, que no faltaba ninguno, i que el montante 
de esas obligaciones es de lo que recibió en Puerto Cabello del go- 
bierno nacional cuando espontáneamente salió de la República, ha- 
biéndosele completado los veinte mil pesos con el vale de mil qui- 
nientos pesos otorgado por los jenerales Bermúdez Cousin i La Ro- 
che. El Tribunal dispuso el depósito de los documentos espresa- 
dos en poder de la porsona que elijiese el mismo jeneral Matias Sa- 
lazar, quien elijió al venerable cura de la parroquia de Tinaquillo, 
Presbítero Gaspar Yánes. Conducido el jeneral Salazar a su pri- 
sión, i antes do entrar en conferencia para la decisión correspon- 
diente, se acordó, a solicitud del jeneral Venaucio Pulgar, agregar 
al espediente la carta orijinal del doctor Felipe Larrazábal, ponién- 
dose en depósito con los demás documentos una copia de dicha carta 
certificada por los ciudadanos jenerales Presidentes, i por el ciudadano 
jeneral Secretario. El ciudadano jeneral Alcántara hizo la indica- 
ción de que se devolviese a los jenerales Bermúdez Cousin i La Ro- 
che el documento do mil quinientos pesos suscrito por ellos, por no 
ser de la propiedad del jeneral Salazar, no representando sino un 
valor que los otorgantes no recibieron, i del que se declararon deu- 
dores en ínteres público ; pero el jeneral Bermúdez Cousin so opu- 
so por razones de delicadeza, i por no ser esto de la competencia 
del Tribunal especial instalado para conocer de la causa política 
del jeneral Salazar; i porque en su oportunidad, i no debiendo tal 
suma, ventilaría sus derechos hasta conseguir la anulación del vale. 
El venerable Presbítero Gaspar Yánes, cura de la parroquia de Ti- 
naquillo, aceptó el depósito do Iob indicados documentos, quedando 
comisionados los ciudadanos jenerales Presidentes i el ciudadano 
jeneral Secretario para hacer la entrega de ellos bajo recibo. Ter- 



41 

minados todos estos incidentes, entraron todos los vocales en confe- 
rencia secreta, conviniéndose eu ella por unanimidad de votos en la 
imposición de las penas de degradaciou i de muerte al jeneral Ma- 
tías Salazar, llevándose a efecto una i otra, en presencia de todo el 
ejército existente en este cuartel jeneraf, en el punto i a la hora 
que se señale, previa la concesión al reo de veinticuatro horas por 
lo menos, para prepararse material i espiritualmente, debiendo con- 
tanse ese término desde la hora en que sea notificado. Para la im- 
posición de tan severas penas en un juicio breve i verbal, se ha 
considerado que en la conciencia jeneral del país, el jeneral Matías 
Salazar ha incurrido en el crimen de alta traición contra el ejército 
en que ha figurado con grados, honores i recompensas, i contra la 
causa liberal que él mismo habia estado defendiendo con sn espada, 
que pone luego, i aún sin estar concluida la lucha, a disposición de 
sus enemigos para satisfacer su ambición desatentada, ocasionando 
así grandes desgracias a la República : que tan monstruoso delito 
no puede confundirse con las insurrecciones, alzamientos o conspi- 
raciones contra los gobiernos, ni con ninguno de los hechos comu- 
nes que por los principios reconocidos, predicados i defendidos por 
el partido liberal, nunca traen sobre los culpables la pérdida de.la 
vida: que un crimen tan estraordinario como ese en que ha incurri- 
do el jeneral Matias Salazar, amerita también un castigo estraordi- 
nario por exijirlo asi la moralidad del ejército, el propio honor del 
gran partido liberal i el bienestar de todos los venezolanos : que en 
el camino de traiciones en que se lanzó el jeneral Matias Salazar 
después del triunfo de Caracas, so han agotado todos los medios 
por el gobierno nacional, por el ciudadano jeneral Guzman Blanco, 
Presidente provisional de la República i por todos los que fueron 
sus amigos i compañeros, para impedir su perdición, existiendo por 
eso hoi en el ejército i en toda la República, el íntimo convenci- 
miento de que mientras él exista se llevara una vida de constantes 
perturbaciones i de desastres de todo jénero cansados por cuadrillas 
sin reglas, ni bandera, ni principios; i por fin, que la alta traición 
del jeneral Matias Salazar es tanto mas grave, tanto mas asombro- 
sa, cuanto que el ejército i todo el partido liberal, que piden hoi 
sea condenado a sufrir las penas de degradación i de muerte» ven 
en él no simplemente a un hombre, sino a un hombre que ha sido 
2° Jefe del ejército, i que hoi mismo es 2? Designado de la Repú- 
blica i que no obstante esto, se rebela contra los mismos que le han 
elevado i vuelve sus armas, las propias armas que se le habían con- 
fiado para la defunsa de la causa liberal, contra esa gran causa en 
cuyo nombre fué que pudo prestar importantes servicios hasta el 
triunfo de Caracas, siendo por consiguiente una triste i dolorosa ne- 
cesidad la de privarle de sus grados i de la vida, para dejar afian- 
zado a Venezuela un porvenir de paz, de urden, de moralidad i de 
libertad. Respecto a los documento que se depositan en poder del 
Presbítero Gaspar Yáues, el ciudadano jeneral Guzman Blanco, 
Presidente provisional de la República dispondrá lo que juzgare de 
justicia o de equidad: i decidido en tales términos el juicio por 
traición contra el jeneral Matias Salazar, se firma esta acta que 

5 



42 

comprende la sentencia por todos los jenerales en Jefe que han 
constituido el Gran Tribunal, i se pasa el espedionte al ciudadano 
jenoral Guzman Blanco, Presidente provisional de la República en 
campaña para la resolución definitiva, nombrándose a los jenerales 
Juan Bautista García, Venancio Pulgar i Jesús M. Lugo para que 
lo pongan en sus manos. 

(Firmados.) — J. Castro — Juan B. García — V. Pulgar — Fran- 
cisco L. Alcántara — M. Gil — Rafael Petil — E. Naranjo — J. M- 
Lugo — E. J. Flinter — J. M. Aurrecocchea — Ramón M. Oráa — /. 
A. Machado — Juan E. Colmenares — F. Montagne — Miguel A. 
Rojas — Narciso Ranjel — G. Izaguirre — José T. Valles — Manuel 
González — Antolino Lugo — El jeneral Presidente, Ministro de 
Guerra, José I. Pulido — El jeneral Presidente, Jefe de Estado Ma- 
yor Jeneral, León Colina — El jeneral Secretario, P. Bermúdez 
Cousin. 

NOTA. — Se le dio publicidad a la presente sentencia a las nue- 
ve i media de la noche, i se pasó en el mismo acto a la comisión 
nombrada i con oficio al ciudadano Presidento de la República en 
campaña — E! jeneral Secretario — (Firmado) — P. Bermúdez Cousin. 



J. Ignacio de Granados. —Santa Marta. 
Señor jeneral Matías Solazar. 

Santa Marta, noviembre 15 de 1871. 

Mi querido jeneral : — Estoi despachado ya (dos horas después 
de la salida de usted) ; pero no nos iremos hasta mañana, porque 
don Podro está pintando. 

Hablé con el señor Granados, i van los tres rifles de 20 tiros ca- 
da rifle, con mil tiros como pertrecho cada uno. En todo 3,000 ti- 
ros. Granados envia estas armas i mi carta al señor Vergara, a 
quien usted habrá visto probablemente, i este amigo le buscará i lo 
entregará las armas i sus cápsulas. Yo abonaré al señor Granados 
puntualmente los $ 180 como usted dice. 

He desembarcado las cinco cajas quo tenia a bordo i quedan en 
dopósito para tomarlas a mi regreso. 

Tomaré igualmente en West Point las que Salcedo tenga allí 
para concentrarlo todo en un punto. 

El señor jeneral Ponce, Administrador do la Aduana de esta 
plaza, me ha dicho, que la pólvora i el plomo que se introduzca 
para elaborarlo aquí, pagan derecho. Este derecho es de S 2 50 
centavos fuertes el quintal. Pero no tenga ustod cuidado. Esos 
$ 180 de los tres rifles i los derechos que cause lo quo se introduz- 
ca, lo traeré, dejando de tomar en Saint Tilomas unos cuantos quin- 
tales nada mas, lo equivalente : de modo que tengamos gran par- 
que, los rifles, los derechos pagados etc., i nada haga falta. 



43 

En la grande empresa que nsted lleva, eminentemente republica- 
na i beneficiosa, nadie le ayuda. Por esta razón, es preciso que yo 
que le soi tan íntimo, le economice, le ahorre i le baga milagros 
con los fondos. Ni un centavo se gastará mal gastado, ni se inver- 
tirá sino en lo que usted ordene. — Usted mo conoce. Yo soi el 
hombre que menos exije en el mundo, i respecto de usted quisiera 
multiplicarle su caudal, su fama, su gloria, contentándome con que 
usted sea lo que debe ser i lo que yo quiero que sea. 

Entregué al Presidente del Estado i al señor Granados su Ma- 
nifiesto. 

Ha llegado "LaAnita" de Rio-hacha. En ella vino Goiticoa. 
En el momento fué Oduler a fletarla para Curazao. Como el barco 
está cargado de sal, no puede quedar espedito hasta el sábado. Es- 
te tiro se les fué. 

Escríbame, jeneral ; del 20 al 25 de diciembre, yo estoi en Cu- 
razao, habiendo redondeado lo que a mi cargo queda. 

Me alegro que Echeverría haya acompañado a usted. Ojalá es- 
tos amigos le sean mas útil, mas agradables i mas afectuosos que lo 
ha sido. 

Su pobre viejo servidor que le ama de corazón. 

(Firmado) — Felipe. 

Contestada en Barranquilla el 19 de noviembre. 



ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA. 

Ministerio de Guerra i Marina en campaña i Jefetura de Estado 
Mayor Jeneral. — Cuartel jeneral en Tinaquillo a 15 de mayo 
de 1872. 

Ciudadano jeneral Presidente provisional en campaña. 

En treinta i un folios útiles remitimos a usted el espediente sobra 
la causa del jeneral Matías Salazar con el juicio del Gran Tribunal 
constituido para conocer de ella. Dicho espediente, junto con este 
oficio, será puesto en manos de usted por los comisionados jenerales 
Juan B. García, Venancio Pulgar i Jesús M. Lugo. 

Dios i Federación. 

(Firmados)— José I Pulido. — León Colina. 



44 

ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA. 

Ejército constitucional de la Federación. — Cuartel jencral en Tina- 
guillo a 16 de mayo de 1872. — Año 9? de la Leí i 14 de la Fede- 
ración. — Número 34. 

Ciudadanos jenerales José I. Pulido, Ministro de Guerra, i León Colina, Jefe 
de Estado Mayor Jeneral. 

La comisión nombrada por el Gran Tribunal de oficiales jenera- 
les, puso anoche en mis manos el espediente con la sentencia libra- 
da en la causa seguida contra el jeneral Mafias Salazar, i en cum- 
plimiento de mis deberes he dictado hoi el decreto adjunto, que re- 
mito a ustedes a los fines en él espresados. 

También remito el espediente orijinal, el cual debe serme devuel- 
to con las actuaciones a que dé lugar mi decreto. 

Dios i Federación. — (Firmado) — Guzman Blanco. 



ANTONIO GUZMAN BLANCO, 

Presidente provisional do la República i jeneral en Jefe de sus ejércitos, 
etc. etc. etc. 

El honor del ejército, la moralidad de la causa liberal i la paz do 
la República, me imponen la obligación de usar de las facultades 
que me confiriú el Cougreso de Plenipotenciarios de los Estados, 
para decretar, como 

DECRETO. 

Art. I o Se confirma la sentencia de degradación i muerte que el 
Gran Tribunal de oficiales jenerales, libró ayer contra el jeneral 
Matías Salazar, por el delito de traición. 

Art. 2? El Ministro de la Guerra i el Jefe de Estado Mayor Je- 
neral, quedan encargados de dictar las medidas concernientes a su 
ejecución. 

Art. 3 o El Secretario jeneral remitirá al gobierno copia autori- 
zada del espediente, pasará otra al Estado Mayor Jeneral, i dejará 
el orijinal archivado en secretaría, cuidando do que todo sea publi- 
cado por la prensa a la mayor brevedad posible. 

Art. 4? La suma que el gobierno entregó al jeneral Salazar. 
cuando después do la noche do San Bemardino, quiso ausentarse 
temporalmente del paisy es desde entonces propiedad suya, i podrá 
por tanto disponer de ella con entera libertad, así como de los do- 
cumentos depositados en poder del cura párroco de este pueblo. 

Dado en mi cuartel jeneral de Tinaquillo, i refrendado por mi 
Secretario jeneral a 16 de mayo de 1372. — Año 9 o de la lei i 14 de 
la Federación. 

(Firmado.)— Guzman Blanco. 

El Secretario jeneral. — (FirmadoJ — Lino Duarte Level, 

Es copia. — Lino Duarte Level. 



45 

MINISTERIO DE GUEEEA EN CAMPAÑA I E. M. JENEEAL. 

Cuartel jeneral en Tinaquillo a 16 de mayo de 1872. — Año S° de la 
Lei i 14 de la Federación. 

Dése cumplimiento al decreto del ciudadano jeneral Antonio 
Guzman Blanco, convocándose al Tribunal que ha fallado en la 
causa del jeneral Matías Salazar para la correspondiente notifica- 
ción déla sentencia. — El jeneral Ministro de Guerra. — (Firmado.) — 
José I. Pulido. — El jeneral Jefe de Estado Mayor Jeneral. — 
(Firmado.) — León Colina. — El jeneral Secretario. — (Firmado.) — 
Pedro Bermudez Cousin. 



En el cuartel jeneral de Tinaquillo, a 16 de mayo de 1872, año 
9 o de la Lei i 14 de la Federación, se reunieron bajo la Presidencia 
de loa ciudadanos jenerales Jot>é I. Pulido, Ministro de Guerra i 
Marina en campaña, i León Colina,' Jefe de Estado Mayor Jeneral, 
los ciudadanos jenerales en jefe, Julián Castro, Juan Bautista Gar- 
cía, Venancio Pulgar, Francisco Linares Alcántara, Miguel Gil, 
Rafael Petít, Jesús María Lugo, Escolástico Naranjo, E. J. Flinter, 
José M. Aurrecoechea, Ramón María Oráa, Juan Antonio Macha- 
do, Jnan E. Colmenares, Fermín Montagne, Miguel A. Rojas, Nar- 
ciso Ranjel, Gabino Izaguirre, José Tomas Valles, Manuel Gonzá- 
lez, Antolino Lugo i Pedro Bermudez Cousin, e impuestos del de- 
creto espedido por el ciudadano jeneral Guzman Blanco, acordaron 
constituirse on la prisión del jeneral Matías Salazar i notificarle la 
sentencia que habia recaido contra él. Acto continuo se.constituyó 
el Gran Tribunal en dicha prisión, i dándosele por Secretaría lec- 
tura a la acta que comprende la sentencia librada i al decreto espe- 
dido por el jeneral Guzman Blanco, Presidente provisional de la 
República, quedó notificado el jeneral Matías Salazar de que tiene 
que sufrir las penas de degradación i de muerte, concediéndole el 
término de veinticuatro horas para arreglar sus asuntos i para pre- 
parar su espíritu relijiosamente, terminando el acto a las doce del 
día, i firman todos los vocales con los jenerales Presidentes i Secre- 
tario. — (Firmados) — J. Castro — Juan B. García — V. Pulgar — 
Francisco L. Alcántara — M. Gil — Rafael Petit — J. M. Lugo — E. 
Naranjo — E. J. Flinter — J. M. Aurrecoechea — Ramón M. Oráa— 
J. A. Machado — Juan E. Colmenares — F. Montagne — M. A. Ro- 
jas — Narciso Ranjel — G. Izaguirre — José T. Valles— Manuel 
González — Antolino Lugo. — El jeneral Presidente Ministro de 
Guerra, José I. Pulido. — El jeneral Presidente, Jefe de Estado Ma- 
yor Jeneral, León Colina.— Fl jeneral Secretario, Pedro Bermudez 
Cousin. 



He recibido de los ciudadanos jenerales José Ignacio Pulido, 
Ministro de Guerra i Marina, i León Colina, Jefe de Estado Mayor 
Jeneral, i del ciudadano jeneral P. Bermudez Cousin, Secretario 
este, i Presidentes aquellos del Gran Tribunal constituido para co- 
nocer de la causa del jeneral Matias Salazar, los documentos si- 
guientes: 



40 

1° — Vale otorgado a su favor por Peuho, líenríquez i C\ fechado 
en Curazao a I o do noviembre de 1871 por la suma de diez mil 
seiscientos florines. 

2° — Vale otorgado a su favor por S. E. L. Maduro, fechado en 
Curazao el 3 de noviembre de 1871, por la suma de diez mil seis- 
cientos florines. 

3? — Id. id. id. por C. A. Díaz i L. M. Díaz, fechado en Curazao 
el 11 de noviembre de 1871, por mil doscientos cincuenta pesos. 

4? — Id. id. id. por J. A. Jesurum i Zoon, fechado en Curazao el 
I o de noviembre de 1871, por doscientas morocotas. 

5 o — Vale otorgado a su favor por P. Bermúdez Consin i Lermit 
La Roche, fechado en Puerto-Cabello el 3 de junio de 1871, por 
mil quinientos pesos. 

6? — Contrato con Ramón Carrera sobre compra de cincuenta no- 
villas, celebrado en Arauca el 29 de enero del presente año. 

7 o — Carta de Felipe Larrazábal, en copia certificada por los je- 
nerales Pulido i Colina, Presidentes del Gran Tribunal, i P. Ber- 
múdez Cousin, Secretario, fecha en Santa Marta el 15 de noviem- 
bre de 1S71, de la cual se deduce que este tiene, es decir, Larrazá- 
bal, en su poder, fondos del jeneral Matías Salazar. 

Este depósito se me ha entregado por elección que hiciera en mí 
el mismo señor jeneral Matías Salazar. También he recibido una car- 
tera perteneciente al jeneral Salazar, con apuntaciones referentes a 
los documentos que recibo en depósito, i con nna nota en la referi- 
da cartera, por la cual se ve que la goleta " Josefina " que aparece 
pertenecer al señor Pedro N. Martínez, es de la propiedad del jene- 
ral Salazar, 6egun documento que dice reposa en su poder ; pero 
que no ha sido tomado junto con los otros que se me han entregado. 

Tinaquillo, mayo 16 de 1872. — (Firmado) — Gaspar Yanes. 



ORDEN JENERAL PARA H01 16 DE MAYO DE 1872 EN TINAQUILLO. 

De orden del ciudadano jeneral Presidente de la República en 
campaña, se dispone lo siguiente : 

Art. 1? Todos los cuerpos del ejercito existentes en este cuartel 
jeneral, estarán listos para mañana a las 10 a. m. en sus respectivos 
campamentos para moverse a una gran parada en el sitio que se de- 
signe ; i por virtud de enfermedad del Jefe de Estado Mayor Je- 
neral recibirán las órdenes del caso, del ciudadano jeneral José M. 
Aurrecoechea, Sub-jefe de Estado Mayor Jeneral. 

Art. 2 o La parada será mandada por el ciudadano jeneral Julián 
Castro. 

Art. 3? Servicio. 

(Firmado) — José I. Pulido. 
Es copia — El ayudante.— (Firmado) — Adolfo Palacios. 



47 

ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA. 

Cuartel jeneral en Tinaquillo a 16 de mayo de. 1872. 

Notificada como ha sido la sentencia de muerte al jeneral Matías 
Salazar hoi a las doce del dia, queda desde esta misma hora cons- 
tituida la capilla, llamándose al Presbítero Gaspar Tan es, cura do 
la parroquia do Tinaquillo i al Presbítero Dr. Octaviano González, 
para que le presten todos los ausilios espirituales, i facilitándose al 
reo todos los medios para el arreglo do sus asuntos. 

El jeneral Presidente, Ministro de Guerra. — (Firmado) — José I; 
Pulido. — El jeneral Presidente, Jefe de Estado Mayor Jeneral. — 
(Firmado) — L. Colina. 



En este cuartel jeneral de Tinaquillo a 17 de mayo de 1872, sien- 
do las doce del dia, se formaron en cuadro todas las fuerzas exis- 
tentes en Tinaquillo, a la salida de este pueblo i hacia "Tagnanes," 
punto designado para la ejecución de la sentencia pronunciada con- 
tra el jeneral Matías Salazar, mandando esta parada el ciudadano 
jeneral Julián Castro, según lo dispuesto en la orden jeneral de ayer. 
I vencido el término de veinticuatro horas, concedido al reo, duran- 
te el cuál se le han prestado todos los ausilios relijiosos, que para 
tales casos prescribe la Iglesia, por los Presbíteros Gaspar Yánes, 
cura de'la parroquia de Tinaquillo i Dr. Octaviano González, se le 
sacó de la capilla i se le condujo por las fuerzas de Oarabobo que 
hacian la guardia de esta, al lugar de la ejecución, i destacándose 
de dichas fuerzas la escolta que por la 6uerte habia sido designada 
para la ejecución, fué fusilado por ella el jeneral Matías Salazar, 
desfilando luego delante do su cadáver todo el ejército, i precedién- 
dose después a darle sepultura eclesiástica en el ataúd preparado al 
efecto i en el cementerio del pueblo de Tinaquillo. 

Ejecutada así la sentencia librada contra Matías Salazar, se pasa 
el espediente al ciudadano jeneral Guzman Blanco, Presidente pro- 
visional de la República en campaña. 

El jeneral Presidente Ministro de Guerra i Marina. — (Firmado) 
— José I. Pulido. — El jeneral Presidente Jefe do Estado Mayor 
Jeneral.— (Firmado) — León Colina. 



ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA. 

Ministerio de Guerra i Marina. — Estado Mayor Jeneral. — Cuartel 
jeneral en Tinaquillo a 17 de mayo de 1872. 

Ciudadano jeneral Guzman Blanco, Presidente provisional en campaña. 

Ejecutada como ha sido la sentoncia librada contra Matias Sala- 
zar, remitimos a usted el espediente orijínal con cuarenta i un fo- 
lios útiles. 

Dios i Federación. — (Firmados) — Jóse I. Pulido. — L. Colina. 



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LINO DUA11TE LEVEL, 

Jeneral de los ejércitos federales, i Secretario jeneral del Presidente da la 
República eu campaña. 

Certifico : — Que la precedente copia es esacta en todas sus par- 
tes con el espediente orijinal quo se halla en el archivo de la Se- 
cretaría jeneral. 

Tinaquillo, mayo 17 de 1872. — Lino Duarth Levbl. » 



ORDEN JENERAL PARA HOI 17 DE MAYO DE 1872 EN TINAQUILLO. 

Dispone el ciudadano jeneral Presidente de la República en 
campaña, se dicte lo siguiente: 

Art. 1? El jeneral Matias Salazar acaba de caer sin vida en pre- 
sencia de todo el ejército que en esto cuartel jeneral representa por 
su número i por los jenerales, jefes i oficiales quo lo mandan, al 
gran partido liberal de la república, porque el joneral Salazar fal- 
tando a todos sub juramentos i desertando de sus tanderas a las de 
los enemigos con el carácter de Segundo Designado de Venezuela, 
i con todos los honores i recompensas que había recibido de los que 
habían sido sus amigos i compañeros, se rebeló contra estos mismos 
i puso su espada al servicio de la minoría que habia estado comba- 
tiendo. 

Lección severa es esa que demuestra que ningún hombre vale- 
por su propia personalidad, sino por las ideas i principios que de- 
fiende, por la opinión que le acompaña ; i esas ideas, esos princi- 
pios, esa opinión qne llevaron al jeneral Matias Salazar a las pri- 
meras Dignidades de la República, son las que ahora le han ven- 
cido, aprisionado i condenado, haciendo débil al que fué muí fuerte, 
convirtiendo en ajusticiado al que figuró como uno de los mas im- 
portantes jefes del ejército federal. 

Lección severa que todo soldado, que todo liberal debe retener 
indeleblemente grabada en su memoria, para que no haya uno solo 
que siga el camino de las deslealtades i de las traiciones a su causa 
i al ejército, i para que podamos Hogar así a consolidar la paz de la 
República que tan necesaria es para su progreso i para la dicha de 
todos los veneozlanop. 

Lamentamos la muerte do un hombre que como el jeneral Matias 
Salazar prestó en otros tiempos muchos servicios a la República, i 
execremos la ambición i todas las malas pasiones que le condujeron 
a un triste pero necesario cadalso, conservando siempre en el ejér- 
cito moralidad i disciplina, marchando todos unidos a complementar 
los triunfos del Gran Partido Liberal contra sus implacables ene- 
migos. 

Art. 2 o Servicio 

(Firmado) — José I. Pulido. — Es copia. — El Ayudante. — 
(Firmado) — Adolfo Palacios. 

Es copia. — El Secretario jeneral, Lino Di'arte Liívkl. 






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